14 de abril de 2008

El tesoro en la matrioshka : "El Orfanato" de Juan Antonio Bayona

Precedida de buenos comentarios y multipremiada en la última edición de los Goya, llega a cartelera “El Orfanato”, ópera prima de Juan Antonio Bayona, presentada nada menos que por Guillermo del Toro en la producción.

La película abre con unos pequeños niños corriendo en un inmenso jardín, parte de una mansión victoriana cuya presencia es imponente en medio de un paisaje bucólico. El infantil ¡Un, dos, tres… Toca la pared! que se presenta tan inocente ante nuestros ojos, será luego una pista juguetona y a la vez macabra para desentrañar el misterio de la desaparición de un niño al cual su madre adoptiva Laura (Belén Rueda), busca desesperadamente. El hijo perdido se convertirá entonces en la obsesión que la hará transitar entre la locura, la paranoia y una supuesta certeza del mal existente en la casa que antes habitó como una huérfana y que ahora pretende convertir en un albergue para niños discapacitados.

Es en este punto que “El Orfanato” nos remite a la que quizás es una de las mejores adaptaciones literarias en el cine de terror, “Los Inocentes” de Jack Clayton, versión fílmica de la novela “Otra vuelta de tuerca” de Henry James. Al igual que Deborah Kerr, la protagonista recorre solitaria los pasillos de la enorme casa en espera de respuestas, no solo a la búsqueda de su niño enfermo, sino también a esa duda que la atormenta desde que su hijo empezó a tener varios amigos imaginarios. La heroína se aferrará a indicios que, para su desesperación, solo ella podrá percibir, pero que también se presentan “coherentes” en el marco de la historia para el espectador, logrando así el director darle cierto clima de ambigüedad, algo que Alejandro Amenabar también incluyó en “Los Otros”.

Además de las películas ya mencionadas, las referencias fílmicas continúan en una suerte de mix de tópicos clásicos del género. Dicen “presente” desde “Poltergeist”, “Sexto Sentido” hasta algunos guiños a la japonesa “Dark Water” de Hideo Nakata a los que Bayona pretende dar “una vuelta de tuerca”, apostando por elementos de drama psicológico en el personaje de Belén Rueda, que está muy bien retratada en los límites de la insania y lo sobrenatural.

La presencia de los niños en los filmes de terror, siempre ha resultado inquietante, más que nada por la asociación inmediata a la inocencia y a la fragilidad. Por eso, las primeras apariciones de Simón (Roger Príncep), el hijo de Laura, deleitándose con la sorpresa y el miedo que le produce a su madre cuando la hace partícipe de los juegos con su demás “amigos”, son agobiantes. En ese mismo tono, el casi siempre cubierto Tomás, que portando una máscara hecha a trancos con un pedazo de saco viejo y unos botones por ojos, hace que su presencia sea escalofriante.

Lo lúdico es esencial en esta cinta y el cineasta español ha sabido filmar “El Orfanato” en esa clave. La cámara se mueve reparando en pequeños detalles, en piezas que luego inevitablemente tendremos en cuenta para armar el rompecabezas final. Al igual que la matrioshka que Laura va desentrañando hasta llegar a la muñeca más pequeña en ese juego de búsqueda del tesoro, la mansión también aguarda por ser descubierta hasta su última puerta, hasta su último rincón, en su afán de expiar las culpas, de liberarse de esa tristeza que la embarga por ser testigo de terribles sucesos.

La puesta en escena es otro elemento a destacar. La ubicación de la casa, la casi ausencia del sol, las grandes habitaciones siempre lúgubres, las máquinas de juego oxidadas y chirriantes que se mueven con un viento que siempre trae hojas secas, refuerzan el ambiente gótico en el que se desarrolla la trama y en el que los personajes aparecen en tonalidades ocres, como si siempre se tratara del pasado, como si estuvieran atrapados en el tiempo.

Existen secuencias muy bien logradas, como las de los juegos, la fiesta de inauguración del albergue con esos invitados enmascarados (que en algo me hizo recordar a “El Resplandor” de Stanley Kubrick) y la muerte de una trabajadora del ex – orfanato, que aumentan la tensión y son capaces de provocar algún sobrecogimiento en el espectador.

A pesar de todos los méritos que tiene, “El Orfanato” no logra cuajar y esto es obvio en el transcurso de la última media hora (que por contradicción es la del clímax), deviniendo en un final que se tornaba previsible. Asimismo, los últimos minutos sobran por explicativos y por un detalle que no aporta nada, más que sensiblería fuera de lugar. Sin embargo, dado el oficio mostrado por Juan Antonio Bayona, esperamos más trabajos que puedan confirmar y superar las dotes mostradas en esta su primera película.

10 de abril de 2008

El legado de Rafael Azcona

El mes pasado nos dejó a los 81 años, Rafael Azcona, uno de los más grandes guionistas de habla hispana. Este español que trabajó con Marco Ferreri, Luis García Berlanga, Carlos Saura, Fernando Trueba, entre otros, fue el responsable de numerosos títulos que se cuentan entre lo mejor de la cinematografía mundial. A razón de ello, y gracias a YouTube - qué haríamos sin él - dejo por aquí un excelente reportaje (en dos partes) realizado a manera de homenaje en el programa "Días de Cine" de TVE, llamado "De profesión, sus guiones" que repasa su filmografía, además de incluir extractos de una entrevista a Azcona. Aprovechen y vean los videos antes que hayan problemas con el copyright

1era parte:

2da parte:


7 de abril de 2008

"She did it the hard way": Centenario de Bette Davis

El sábado 05 de abril, se conmemoraron cien años del nacimiento de Bette Davis, una de las más grandes actrices de la historia del cine. Como no podía ser de otra manera, este blog cuyo nombre se debe en absoluto al personaje que interpretó magníficamente en "All About Eve", quiere homenajearla reseñando parte de su extensa filmografía con estas 17 cápsulas. Espero que las disfruten.

1) Cautivo del Deseo (Of Human Bondage, 1934)

El poder sexual es una de las fuerzas más esclavizantes y demoledoras que existen. Otras son la manipulación y el chantaje. ¿Qué sucede cuando se echa mano de ellas? El abismo espera a la víctima que se entrega a un verdugo que, por añadidura, tiene ojos hermosos y distantes. Philip (Leslie Howard) arrastra ese castigo como hace con su pierna coja, aguardando el amor de Mildred (Bette Davis). La actriz consigue su primera nominación al Oscar con este filme de John Cromwell

2) La Mujer Marcada (Marked Woman, 1937)


Bette Davis encontró un papel hecho a su medida como la temperamental e inteligente Mary Dwight, en este filme dirigido por Lloyd Bacon. En los años 30 abundaron películas sobre la mafia y aunque ésta pudo ser solo aleccionadora, debido a la censura impuesta por el Código Hays, se arriesga mirando con simpatía a las prostitutas de los clubes nocturnos, presentándolas como víctimas del abuso y el prejuicio, pero también como las únicas capaces de sublevarse ante el poder y la muerte.

3) Jezabel (Jezebel, 1938)

Antes que la conocidísima Scarlett, otra rebelde sureña se desvivió por amor. En una época en que lo que más importa es no subvertir las reglas sociales, Julie (Bette Davis) al igual que la reina que da título al filme, escandaliza por desafiar rancias costumbres. Las sociedades reprimen con el repudio a quienes quieren salir del molde. Ni el amor permite esas libertades, quedando solo el sacrificio. Davis jamás lució tan hermosa como en esta cinta de William Wyler, que le dio el Oscar.

4) Amarga Victoria (Dark Victory, 1939)

El manejo eficaz del drama es lo que demuestra Edmund Goulding con esta película que en manos de otro director pudo haberse convertido en un discurso lacrimógeno. Claro, que Bette Davis con su actuación contribuyó bastante a que ello no sucediera, imprimiendo dignidad a Judith Traherne, personaje que afronta una muerte inminente. Con semejante argumento, la actriz corría el riesgo de caer en el efectismo y la sobreactuación. Sin embargo, Davis salió airosa consiguiendo ser nominada al Oscar.

5) La Solterona (The Old Maid, 1939)

El sur estadounidense siempre fue testigo de historias de mujeres amantes y sufrientes. Esta película ambientada en el 1800, no es la excepción, confirmando además las dotes del hábil Edmund Goulding. Bette Davis se ve vivaz, opaca y crepuscular a medida que van pasando los años. Todos son felices a su alrededor, pero ella tiene que disimular, aparentar, ocultar su propia maternidad por el qué dirán y porque para estallar existe un tiempo y el suyo ya ha terminado.

6) El Cielo y Tú (All This, and Heaven Too, 1940)


En la Francia del siglo XIX, todo lo que importaba era hacer las reverencias correctas, evitar las expresiones impropias y sobre todo contener la pasión, aunque ésta pidiera a gritos ser liberada. Anatole Litvak, recreó este mundo de trajes y apariencias, en el que es difícil que el amante salga ileso, pues en su accidentado camino puede encontrar la muerte o el desprestigio. Bette Davis está magnífica como la institutriz Henriette, mostrando en cada plano su impotencia disfrazada de honor.

7) La Carta (The Letter, 1940)

Unos disparos, una mirada fría y la luna de Singapur como testigo. Así empieza esta película donde se reencuentran Wyler y Davis como protagonista nominada al Oscar. El misterio deviene en drama, con secuencias en las que se respira un aire cargado, acaso fatal. El velo blanco que lleva la actriz para ocultar su rostro, solo acentúa las sombras que la acompañan en la expiación de la culpa. Y en ese tránsito, la condenamos y compadecemos, aunque suene contradictorio.

8) La Loba (The Little Foxes, 1941)

El tercer y último trabajo de la dupla Wyler – Davis, le dio uno de sus papeles más recordados valiéndole una nueva nominación al Oscar. Es que es difícil olvidar a una Regina Giddens imperturbable frente al ataque cardíaco de un marido que implora ayuda. La actriz construyó soberbiamente un personaje que bien pudo lucir solo un cariz sensual en esta cinta en que la podredumbre de una aristocracia inescrupulosa es develada por el director experto en retratos sociales.

9) Como Ella Sola (In This Our Life, 1942)

Por esos años, la maldad nunca fue recompensada, aunque en la realidad sucediera lo contrario. Así sucede en esta adaptación de la novela de Ellen Glasgow, que dirigiera John Huston. Lo que incrementa el valor de la cinta (en la que es previsible el destino de la protagonista) es, de lejos, la actuación de Bette Davis a la que vemos hacer de las suyas, como siempre deliciosamente. Lástima que el Código Hays haya quedado tan bien servido con esta historia.

10) La Extraña Pasajera (Now, Voyager, 1942)

Wong Kar-Wai, tan de moda actualmente, le debe bastante a los clásicos melodramas románticos. Uno de ellos es este filme con el que Bette Davis alcanzó su sexta nominación al Oscar. El sentido de libertad, el hallazgo de un amor tardío e imposible son temas tratados en esta cinta dirigida por Irving Rapper y en la que somos testigos de la transformación espiritual y física de una mujer a la que a falta de la luna, le bastan las estrellas.

11) Mas Allá del Bosque (Beyond the Forest, 1949)

Una variación de la heroína de Gustav Flaubert en clave fatal, es la que nos presenta King Vidor en el personaje de Bette Davis. El director aplicó las dosis de drama y film noir justas, mostrando en pantalla toda la seducción e inconformidad de una mujer que cree ciegamente que su destino podría ser distinto si dejara ese pueblo miserable. La actriz luce malvada, calculadora, desesperada y vencida, a la vez, mostrando sus cualidades camaleónicas de una escena a otra.

12) Eva al Desnudo (All About Eve, 1950)

La ambición y la falta de escrúpulos se camuflan fácilmente en un ambiente como el teatro en el que las máscaras abundan. Los únicos que salen indemnes son aquellos que por poseer la misma maldad, saben reconocerla. Joseph Mankiewicz aborda con maestría el competitivo mundo de las tablas, en el que es además, un homenaje a las actrices de verdad, esas criaturas temperamentales. Davis estuvo insuperable como la mordaz Margo Channing, consiguiendo otra nominación al Oscar y el premio del Festival de Cannes.

13) Banquete de Bodas (The Catered Affair, 1956)

Richard Brooks añadió algo más de emotividad a la carrera de Bette Davis que protagoniza esta cinta sobre sueños perdidos, la realización a través de los hijos y el matrimonio. Guardar un buen recuerdo de la fecha de la boda se convierte en una gema que resistirá los malos tiempos que vendrán inexorablemente con la vida en común. La actriz junto a Ernest Borgnine dibuja un retrato familiar bastante creíble que permitió al espectador común identificarse con su problemática.

14) Un Gángster para un Milagro (Pocketful of Miracles, 1961)

Frank Capra tenía la capacidad de hacernos creer que se podía tener esperanza en la gente, que el mundo era un poquito mejor. Siempre ha sido necesaria una buena cuota de optimismo, por más que la realidad matara la ilusión. Con esta, su última película, el mágico technicolor nos permite apreciar los hermosos ojos azules de Bette Davis que aquí disfruta a carcajada pelada (con esa risa impagable) y llora, conmoviéndonos siempre. Durante más de dos horas, tenemos carta libre para soñar.

15) ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962)

“No hay peor odio que el de la propia sangre”, decía Camilo José Cela en una de sus novelas. Robert Aldrich suscribiría esa frase. Una relación de hermanas descompuesta por el favoritismo de los padres y la envidia. Una reflexión sobre la fama y su efímera chispa. Decadencia, locura y muerte. Eso y más es esta cinta en la que Bette Davis como Baby Jane Hudson, libró una batalla interpretativa con otra grande, Joan Crawford, consiguiendo su undécima nominación al Oscar.

16) Canción de Cuna para un Cadáver (Hush... Hush, Sweet Charlotte, 1964)

Luego de “¿Qué fue de Baby Jane?”, Aldrich dirige este filme en el que una canción es el arma que desata la insania de una Bette Davis con una culpa difícil de cargar. Se perciben en la pantalla, pinceladas del maestro Henri-Georges Clouzot y su thriller “Las Diabólicas”, sin ser esto ningún demérito porque Aldrich maneja perfectamente la puesta en escena y los toques macabros, además de dirigir perfectamente a sus actores. Se agradecen las altas dosis de grand guignol.

17) Las Ballenas de Agosto (The Whales of August, 1987)

Lindsay Anderson reflexiona sobre la vida, visitando un pasado de risas pintadas en sepia, de ballenas que emigran en Agosto, de realeza ya inexistente. El ritmo contemplativo y pausado de esta película acompaña el andar de unos protagonistas que admiten serena y sabiamente el curso de los días. Bette Davis junto a Lillian Gish y Vincent Price saben que en el crepúsculo no permanecen los cabellos dorados, ni la lozanía; aunque la costa y el mar azul parezcan los mismos.

3 de abril de 2008

Ya salió la última edición de godard!

Como cada trimestre, la revista godard! ya está a la venta presentando un contenido amplio e interesante que vale la pena leer. Encontrarán en este número 15, un dossier sobre los 80 Años del Oscar; especiales acerca del Western y el personaje Jesse James, a propósito del estreno de la última película protagonizada por Brad Pitt y el sorprendente Casey Affleck; artículos sobre el cine de los hermanos Coen y Paul Thomas Anderson; una revisión a la filmografía del holandés Paul Verhoeven; un homenaje a Bette Davis por su centenario; un ensayo sobre el paso del legendario D.W. Griffith por la Biograph, una mirada al realizador Nuri Bilge Ceylan ; cine peruano; cine chileno; entrevista a Víctor Mejía a razón de la publicación de su libro “Ilusiones a Oscuras”, críticas a los últimos estrenos de cartelera; etc.

Como ven es una edición imperdible. Pueden adquirirla en las principales librerías, kioscos y supermercados.

1 de abril de 2008

"El hombre de las mil caras" cumple 125 años

El 01 de abril de 1883 en Colorado Springs, E.E.U.U, nacía Leonidas Frank Chaney, quien años después se convertiría en la estrella indiscutible de esas primeras décadas de auge del cine de terror en el que las palabras sobraban. Antes que Bela Lugosi y Boris Karloff, Lon Chaney era el nombre que atraía a miles de espectadores hambrientos de emociones intensas.

Lo llamaban “El hombre de las mil caras” por su capacidad de transformarse, creando su propio maquillaje y adaptando su cuerpo al personaje. Así fue Quasimodo en “El Jorobado de Notre Dame” (The Hunchback of Notre Dame, 1923), Erik, en El Fantasma de la Ópera” (The Phantom of the Opera, 1925), Alonzo “sin brazos” en “Garras Humanas” (The Unknown, 1927), entre muchas otras caracterizaciones que exigían ser un camaleón constante y por añadidura con habilidades extraordinarias, capaz de filmar enfundado en un arnés que ocultaba sus brazos o utilizando sus pies como manos para beber, fumar, etc.

El Jorobado de Notre Dame, 1923

Su gran aliado fue ese otro genio del terror y de lo bizarro, Tod Browning, con quien compartía un pasado de teatros populares y el amor hacia lo que despectivamente se denomina “distinto”. Realizaron juntos numerosas películas, entre ellas la ya mencionada “Garras humanas”, “El Trío Fantástico” (The Unholy Tree, 1925) y la mítica “Casa del horror” (London After Midnight, 1927), cinta que todos los amantes del género soñamos ver y con la que de cuando en vez nos juegan bromas sobre la existencia de una copia. Nada de nada. Solo nos queda conformarnos con los fotogramas y seguir soñando.

El Fantasma de la Ópera, 1925

Un cáncer a la garganta truncó la posibilidad de interpretar al Conde Drácula en la adaptación que hiciera Browning de la obra de Bram Stoker, en la que hubiera sido su segunda película sonora tras filmar el remake de “El Trío Fantástico” dirigido por Jack Conway. Ya sabemos a quien Browning dio el papel, y aunque el resultado sea estupendo, no podemos evitar pensar en cómo hubiera sido interpretado ese monstruo seductor en la piel de Chaney.

El gran Lon Chaney, con más de cien películas a cuestas, falleció a los 47 años víctima de la enfermedad que padecía el 26 de agosto de 1930, llevándose consigo una época irrepetible. Desde aquí te celebramos, maestro!

14 de febrero de 2008

Love is a battlefield: 05 batallas exquisitas

Es 14 de febrero y bueno, a propósito de la fecha, comentaré 05 películas en las que el amor es parte o centro de la trama y que son algunas de las que vivo completamente enamorada, aunque no puedo guardarles fidelidad absoluta.

Seguro echarán de menos muchos títulos, pero no acabaría nunca si escribiera sobre todos. No obstante, cualquiera de las cintas mencionadas es totalmente recomendable para escapar del tan consumista 14 y olvidarnos de los globos, peluches inmensos y tarjetas con dibujos de animales ojones al borde del llanto. Eso si, se advierte que no todas tienen un final feliz, y es que como diría Pat Benatar: love is a battlefield. También se advierte que aquí no encontrarán “Casablanca”.

1) L´Atalante (1934) de Jean Vigo

La belleza se concentra, se comprime convirtiéndose en maravilla en los 82 minutos que dura esta obra maestra de Vigo. Juliette (Dita Parlo) y Jean (Jean Dasté), una pareja de recién casados parten en un viaje mágico a través del río en el que se descubrirán ante el otro en su cotidianeidad, mostrando sus deseos y frustraciones, y en el que el erotismo se hace presente con la fina sensibilidad que sólo le podía imprimir el autor francés, entregándonos imágenes inyectadas de lirismo y magia. Las escenas inolvidables son incontables en este su único largometraje y que se estrenara póstumamente tras su fallecimiento a los 29 años. Edad tan corta para alguien de espíritu y corazón enormes.

Ver L´Atalante es celebrar a Jean Vigo y hacerlo es, en definitiva, celebrar todo lo bueno que el cine puede dejar en nosotros.

Encontrarán una reseña más amplia en un post anterior:

http://elglamourdemargo.blogspot.com/2007/08/el-ensueo-de-un-viaje-latalante-1934.html

2) Sunrise (1927) de F. W. Murnau

La vida en pareja es un terreno difícil. El día a día puede llevar al tedio, haciendo que las razones por las cuales alguien se siente enamorado se diluyan entre el trabajo, los hijos y bueno, la falta de sorpresas. Es duro acostumbrarse y fácil confundirse. Por eso, cuando llega una mujer citadina (Margaret Livingston) al pueblo en el que viven un granjero pobre (George Stevens) y su esposa (Janet Gaynor), la atracción que ejerce la forastera sobre él es inmediata, lo que lo lleva a mantener una relación; sin embargo, como ella tiene que marcharse, ésta lo incita a matar a su esposa para iniciar una nueva vida en la ciudad.

El redescubrimiento del amor y la redención son retratados con perfección por Murnau, en este filme que marca su incursión en la industria hollywoodense y que ganó uno de los primeros premios Oscar a mejor película. A través de paisajes nebulosos y oscuros, el director nos muestra el estado de confusión y temor del protagonista para luego situarnos en escenarios que son solo luz y brillantez cuando ya el panorama se torna apacible para el hombre y su esposa, y en el que todos (hasta el tiempo) se detienen a celebrar el amor. La cámara al servicio de las emociones: indiscutiblemente genial.

3) Manon (1949) de Henri-Georges Clouzot

Dejando de lado por un momento la esperanza, vamos con “Manon” del gran Clouzot, director oscuro y escéptico respecto a los sentimientos humanos, además de ser un maestro del suspenso y que - como no podía ser de otra manera - filmó esta cinta amarga y desgarradora de un amor enfermizo o fou, con un claro tinte noir.


Manon (Cécile Aubry) y Robert (Michel Auclair) se conocieron en una provincia francesa cuando un grupo del ejército, del que él era miembro, la salva de un linchamiento seguro acusada de servir a los nazis. El flechazo es casi automático a pesar que Robert trató de contenerse ante la belleza adolescente y un tanto maligna de ella. Luego de jurarse amor para siempre en un templo en ruinas y teniendo como testigos a figuras despedazadas de santos y ángeles, huyen dirigiéndose a la ciudad donde empezarán un tormentoso y sórdido recorrido en el que solo puede aguardarlos la fatalidad; la misma que, por más que suene contradictorio, quizás signifique la felicidad de al menos uno de ellos que podrá disponer totalmente del otro, algo que nunca pudo alcanzar mientras se mantuvo con vida.

4) The Ghost & Mrs. Muir (1947) de Joseph L. Mankiewicz

Gene Tierney, una de mis actrices favoritas, encarna en la Inglaterra de inicios del siglo XX, a Lucy, una joven viuda que decide abandonar la casa de su insoportable suegra e ir a vivir con su pequeña hija. En la búsqueda de hogar, encuentra una casa que le llama poderosamente la atención: ubicada cerca al mar, amoblada, en buen estado y con una renta bajísima. Sin embargo, el encargado de la inmobiliaria le dice que es el lugar que menos le conviene. Lucy, mujer decidida y obstinada, cree que lo mejor es ir hacia allá y ver por ella misma cuál es el problema, llevándose una sorpresa cuando descubre que la habita el fantasma del capitán Daniel Gregg (Rex Harrison), el antiguo propietario.


Joseph L. Mankiewicz era un grande. Por eso no concuerdo con algunos que lo tildan despectivamente de “teatral”. El guión es importante (presiento que Robles Godoy me odiaría por decir esto) y en la obra de Mankiewicz los diálogos son brillantes, elaborados, exquisitos de escuchar y espléndidos de ver ejecutados por los actores acertados en su papel. Con él trabajaron Bette Davis, Ava Gardner, George Sanders, Celeste Holm, Humphrey Bogart, Lawrence Olivier, Michael Cain, Elizabeth Taylor, entre muchos otros.
The Ghost & Mrs. Muir, es una de sus primeras películas como director, pues antes se había dedicado a producir y escribir guiones. Concebida como una historia de romance con algunas claves de comedia, en manos de otro quizás no hubiera tenido la magia que aportó Mankiewicz al filmar esta sencilla historia, en la que las reflexiones sobre el amor y la eternidad son acompañadas por imágenes que serán difíciles de olvidar. Como difícil será no recordar a la pareja interpretada por Tierney y Harrison que trabajan personajes aparentemente con muy poco en común, pero que se descubren como dos rebeldes ante la sociedad y el tiempo. Es sólo cuestión que llegue la dulce muerte. Sí, dulce y tan esperada.

5) Notorious (1946) de Alfred Hitchcock

Hitchcock recurre a uno de sus usuales Mc Guffin para contarnos un drama romántico. El pretexto en este caso son unas muestras de uranio escondidas en botellas de vino, metal que serviría a los nazis para construir una bomba atómica. En ese contexto, Alicia (Ingrid Bergman) hija de un espía recientemente capturado, es reclutada por Devlin (Cary Grant) un agente del FBI, con la misión de vigilar a una facción nazi en Brasil. Para lograrlo, Alicia debe ingresar al círculo de Alex Sebastian (Claude Rains), amigo de su padre y antiguo pretendiente.

El fingirse enamorado cuando en verdad se ama a otro crea un gran conflicto y más aún si el amado que dice sentir lo mismo, no hace algo para revertir la situación anteponiendo su sentido del deber al drama que se vive. Así, encontramos a una Bergman sacrificada y agobiada por la culpa que le provoca el delito cometido por su padre y a un Grant aparentemente imperturbable cumpliendo su misión patriótica. Y Hitchcock se deleita con el panorama, con el peligro que rodea a ese amor furtivo, con la tensión de los amantes, liberada pocas veces y alcanzando su punto cumbre en ese beso tan pasional como extenso, recordado como el más largo de la historia del cine. Un Hitch permitiéndose sentir abiertamente y ante eso nadie puede permanecer indiferente.