
Esta suerte de bitácora desgarrada y, a la vez, contenida, se va desgajando de a pocos en su emotividad. Entre los análisis de suelo -que realiza sin mucho entusiasmo pese a su profesión de geólogo- el protagonista devela los detalles de una vida en común que ya no existe, pero que añora y necesita. Las confesiones también se mezclan en sus ocasionales encuentros con las mujeres que recoge en la carretera -que no lo defraudan nunca al entregarle sonrisas y caricias en los momentos precisos. El viajero da cuenta de sus cuerpos y movimientos, así como busca, en ellas, esas historias que las saque del anonimato y las haga permanecer en su memoria. Viajo porque necesito, vuelvo porque te amo es una película que escarba en lo sentimental y logra su objetivo: la voz del geólogo y la música de su auto aún resuena en mis oídos.
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