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8 de noviembre de 2010

Pastillas para no soñar: Kill Bill Vol. 1 y 2

En un principio fue Black Mamba, pero transcurrirían unos minutos para que sea conocida como La Novia. Tras despertar a unos dedos entumecidos y lidiar una sangrienta batalla con 88 locos, la furibunda rubia de ojos azules tacha dos nombres en una lista de cinco sentenciados a muerte. Solo es el inicio de la revancha. Solo hemos visto el volumen 1.

Quentin Tarantino despliega todos los fuegos artificiales en la primera entrega de Kill Bill. En ella encontramos coreográficas peleas de artes marciales, secuencias de anime, liquido rojo en grandes cantidades, trompetas y rocanrol. El cineasta de Tennessee pone en marcha su imaginario alimentado con años de televisión, videoteca y cine club, para narrar la venganza implacable de una mujer herida por un vientre vacío y la bala que puso en su cabeza Bill, el hombre que amaba.


Para la segunda parte, las luces de bengala se han apagado ya. La danza de espadas adquiere un ritmo acompasado en un escenario que ya no es el suburbio ni la ciudad motorizada, sino el desierto pelado y la frontera ardiente. Todo toma el cariz de un western furioso y a la vez melancólico, en el que la heroína vence a la fatalidad a fuerza de rememorar su aprendizaje guerrero. Conoceremos su identidad, y ya como Beatrix Kiddo visitará ese tan temido territorio de los afectos al reencontrarse con Bill, para quien ha guardado un regalo. Especial dádiva que los espectadores también consideramos nuestra: una de las muertes más románticas de los últimos tiempos. Gracias por esa explosión del corazón, Beatrix. Gracias Tarantino.

8 de enero de 2010

Dinamitar el discreto encanto de la burguesía: Isabelle Huppert y Claude Chabrol

Si se tuviera que definir de forma concisa, y por demás exacta, la relación entre Isabelle Huppert y Claude Chabrol, indefectiblemente se recurriría a la palabra "complicidad". Inclusive considerando aquella acepción que se relaciona a los delitos perpretados por dos o más. Felices delitos, por supuesto. Delitos faltos de sangre, pero repletos de crítica feroz. Y quiénes los acusarían, se preguntarán con toda razón. Pues, la burguesía sería la primera en señalar a este corrosivo par, ya que en casi tres décadas los proyectiles disfrazados de filmes realizados por el tándem, estuvieron dirigidos a ese sector y su muy, muy discreto encanto. Encanto que Chabrol de la mano de Huppert, hizo palpable, vulnerable. La burbuja burguesa representada a unos centímetros del suelo, a punto de evanescer en el inevitable contacto con la realidad, con el mundo.

Isabelle calzó perfectamente como aliada en este propósito y el buen Claude siempre lo supo. El realizador intuyó acertadamente que esa mujer menuda de belleza sutil, era el camaleón capaz de mutar, de infiltrarse y sobre todo de incomodar desde el écran. Por ello, a partir de 1978, Huppert se convirtió en su asesina rencorosa, su soñadora inconforme, su madame adinerada, su justiciera sin recompensas, su estafadora refinada. Personajes como instrumentos para hurgar en la vanidad ridícula de una clase próspera y de supuesta avanzada. Figurines que en conjunto fueron un vehículo para mostrar también, la crueldad de una sociedad que castiga e inclina el pulgar en señal de suerte echada.En la piel de la actriz francesa, todas esas "hijas" de Chabrol lucieron como enigmas de soluciones rebuscadas. Huppert se encargó de que reservaran para sí sus más oscuros pensamientos al igual que aquellos que expusieran su fragilidad sin la menor elegancia y pertinencia. Las dotó de un halo de atractiva ambigüedad, con actitudes siempre al borde de la sospecha como de la inocencia. La tarea de los espectadores se resumía en jugar intuitivamente a adivinar lo que se ocultaba en sus gestos mínimos, en su lenguaje corporal, muchas veces mecánico.

En ese sentido, las criaturas del director salido de las canteras de Cahiers du Cinéma, permitieron que Isabelle mostrara lo mejor de esa interpretación contenida y respiración modulada. Si bien el cine nos regaló a grandes divas glamurosamente intensas y emocionales hasta la médula, Huppert dio cuenta de su naturaleza serena al interiorizar dramas y alegrías que carcomían las entrañas por igual. Con ella, comprendimos los extremos en pantalla: O se es explosiva como Bette Davis, o te habitúas a la implosión, al mejor estilo de Isabelle Huppert.
El aburrimiento y la insatisfacción fueron las banderas de estos personajes chabrolianos. Solo hay que ver cómo pasa sus horas la joven criminal de Violette Nozière (1978), detestando la mediocridad de sus padres, cazando clientes con su talante abúlico y ese abrigo negro que envuelve su mercancía. O la Marie de Un asunto de mujeres (1988), quien se convierte en partera abortista tras sentirse indispensable, casi una salvación para aquellas mujeres que con sus monedas comienzan a darle sentido a su vida postergada. O bien, la emblemática heroína literaria en Madame Bovary (1991) dueña de un sueño de parajes lejanos y amores extraordinarios que solo acentuaba su odio por la simpleza de su viejo esposo y la existencia de una provincia que parecía reducirse cada vez más en su nimiedad.

La perversidad también tuvo lugar entre estos caracteres. Para comprobarlo, están la desequilibrada Jeanne de
La Ceremonia (1995) o la críptica Mika Muller de Gracias por el chocolate (2000). Claro, ambas desde polos totalmente opuestos. La primera, una empleada del servicio postal, que se impone como fatal reivindicadora de su estrato en una encarnizada - si bien quieta hasta los últimos minutos -, lucha con la clase patronal. Mientras la otra aparece como representante de ese sector y - cosa curiosa -, dotada de una maldad que es cuestión de esencia, planteada sin justificación o concesión alguna. Un impulso de hacer daño que se manifiesta de forma irrefrenable en una mujer que calcula paso a paso sus crímenes, del mismo modo que calcula sus ganancias en la fábrica que dirige. Nuevamente, el encanto burgués trasladado a la pantalla.Son siete las películas que Claude Chabrol ha rodado con Isabelle Huppert -siendo la última de ellas Borrachera de Poder (2006)-. Ocasiones en que hicieron evidente su condición de cómplices en el desenmascaramiento ácido y sin paliativos de la sociedad francesa. Encuentros de dos experimentados que hicieron de las suyas con armas sutiles, pero tan efectivas como la mordacidad. Filmes que cuestionan, que retan sin miramientos. En definitiva, un cine que nos atrapa gustosos y al que no nos cansaremos de volver.

25 de septiembre de 2009

Un año sin Paul Newman, el director apenas conocido

Cuando se habla de Paul Newman, se recuerda su profunda mirada azul, su talla de gran estrella con estupendas actuaciones, su férreo compromiso humanitario y cómo no, su matrimonio de más de medio siglo con la talentosa Joanne Woodward. No obstante, no todos están enterados de la existencia de un Newman autor, ese que también quiso contar historias narrándolas de manera tan íntima, que brindan la sensación de estar presenciando una pausada confesión ante cámaras. El cine de Newman resulta a veces hermético y duro, lo que valió no conectar efectivamente con el público masivo que imaginó que lo que tenía que decir como realizador, sería tan amable como el rostro que reconocían como el más atractivo de Hollywood. Estaban equivocados, pues Newman miraba el mundo con pesadumbre y bastante lucidez, por lo que no se permitía concesiones, ni mucho menos felices finales impostados y fáciles, esos que te dejan con una amplia sonrisa mecánica, pero que se desvanece en instantes, incluso cuando no se ha abandonado la sala, para pasar luego a formar parte de una lista de títulos prescindibles. Nada de eso tiene Rachel, Rachel (1968), su ópera prima, que desde el primero momento se presenta como una pesadilla disfrazada de cotidianeidad, sobre una vida postergada y solitaria, enfrascada en el trabajo y los deberes domésticos. Rachel Cameron (Joanne Woodward) una soltera y madura maestra de escuela primaria, se desdobla cada vez que puede, entre la realidad opaca y los sueños que le sirven como válvula de escape para lograr lo que quisiera: ser más libre, dejar de lado las opiniones de su agobiante progenitora, rebelarse ante los que no apuestan ni un centavo por ella. Sin embargo, ese disfrute tan anhelado, también le produce un miedo feroz. Las posibilidades se presentan y ella las rechaza de plano, regodeándose en sus conocidas ilusiones mientras prepara sándwiches para las amigas de su madre. Newman acompaña a su protagonista en la opresión y el despertar, aunque su mirada nunca es compasiva, sino por el contrario, le imprime dignidad con esos primeros planos que nos permiten apreciar una fuerza que muchas veces está a punto de caer, sin concretarse, lo que la enaltece. Esta adaptación de la novela de Margaret Laurence es una de las películas que mejor han tratado la soledad y la redención, convirtiéndose en un manifiesto a favor de la libertad nunca tardía. Además, significó el inicio del tándem Newman - Woodward, que cruzaron la línea personal para trasladar toda su capacidad en cinco de las seis películas que el buen Paul dirigiera. Hacia 1971, rueda Casta invencible, filme en el que también actúa dando vida al indomable Hank Stamper, miembro de un clan patriarcal al mando de Henry Fonda. Basada en una novela de Ken Kesey, quizás sea la cinta más accesible de su filmografía como realizador. Narra la historia de una familia maderera que se niega a acatar la consigna del sindicato de productores, que consiste en ya no vender a las industrias hasta que atiendan sus pedidos. Sin embargo, los Stamper tiene un código que siguen a rajatabla: la palabra empeñada y la firma de un contrato se respeta. Así, con una ética individualista, siguen talando los árboles sin hacer caso de las murmuraciones y de la evidente antipatía de la que son objeto. Hasta allí, y si solo se hubiera limitado a ello, Newman habría filmado un drama épico bastante sencillo. Pero bien sabemos que el director no se caracterizaba por su conformismo, por lo que su atención se centró en ese modelo de familia americana bien formada, en la que todos comparten un mismo techo en aparente armonía. Newman demuestra que la estabilidad y paz solo son un espejismo, ya que sus miembros guardan rencores y culpas que no son capaces de gritar y/o expiar.
Otro aspecto interesante de Casta invencible, es la mirada oscura que brinda de la naturaleza con bosques de árboles enormes y en los que el hombre bien parece un mosquito fácil de aplastar, sensación que se transmite a los espectadores con el uso de numerosos contrapicados en la labor de tala. Al año siguiente, Newman elige una obra de teatro ganadora del Pulitzer para que se convierta en su tercera película: El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas. Joanne Woodward protagoniza esta cinta áspera y sin miramientos acerca de la condena del perdedor nato y su imposibilidad de guardar alguna esperanza en el futuro, puesto que ese tiempo que se avecina no va a ser diferente de su presente repleto de miseria espiritual y económica. Newman que encarnó a varios perdedores a lo largo de su carrera actoral, esta vez le cede la posta a su esposa para que le ponga rostro a una figura materna triste, patética y despojada de fortaleza. Su personaje Beatrice, tiene que lidiar con su tropiezos y en su desesperación arrastra con ella a una hijas a quienes da un trato desigual: mientras a la mayor le prodiga todo el afecto y atención, pues la devuelve al recuerdo de su juventud, como si se viera a si misma, décadas atrás con su despreocupación y cinismo; a la más pequeña la trata despectivamente por no entenderla en su afán por la ciencia y su excesiva timidez. Ese clima asfixiante y tenso entre estas mujeres, envueltas en una suerte de triángulo afectivo, es registrado por Newman en toda su dimensión bizarra y sucia en que la cámara funciona como agente que escarba y hiere. El rostro de Woodward, con ese gesto de bufón involuntario y confundido en los minutos finales, lo dice todo. Es el rostro de la resignación sin ninguna expectativa. El único telefilme que Paul Newman dirigió fue La caja oscura (1980), que constituye una brillante reflexión acerca del enfrentamiento con la muerte. Adaptación de una pieza teatral de Michael Cristofer, cuenta la historia de tres enfermos terminales que, sometidos a un experimento que registra la evolución del mal y sus perspectivas mediante entrevistas, viven recluidos en una tranquila villa a la que pueden acceder sus familiares y amigos más cercanos. La espera ante lo inevitable, los asuntos pendientes postergados e incómodos, las mentiras piadosas y la rebeldía ante la partida de un ser querido, son otros de los puntos tocados en La caja oscura a través de extensos diálogos que, si bien se sostienen con calma en un inicio, amenazan con explotar de manera intempestiva por la cantidad de emociones contenidas, por esa represión consciente y autoinfligida. Lo que en manos de otro se hubiera convertido en una cinta efectista y melodramática hasta el hartazgo, Newman lo llevó adelante con mucho respeto, confirmando su pulso medido y cauto, lo que demostró su consideración hacia los espectadores y el trabajo de sus actores, entre los que destacan Christopher Plummer y, por supuesto, Joanne Woodward. No fue hasta 1987 que Newman se animó a realizar un filme más. Y lo hizo de la mano de una obra de teatro de Tennessee Williams. El zoo de cristal, ya conocía una versión anterior (y más libre) dirigida por Irving Rapper en 1950. Con escasos personajes, la película es un triste viaje por los recuerdos de un hombre (John Malkovich) acerca de lso últimos días que pasó junto a su sobreprotectora madre (Joanne Woodward) e introvertida hermana (Karen Allen). Newman pone pantalla un gran retrato psicológico sobre la convivencia familiar, la nostalgia y los sueños truncos de tres personajes sentenciados a la nada, cada uno con personalidades tan disímiles y frágiles como pequeños pedazos de cristal. Por su atmósfera oscura, la contundencia de sus diálogos y el buen desempeño de su actores es imposible no terminar con un nudo en la gargante en diferentes pasajes de esta cinta, que deja una sensación amarga e irresistible, que seduce y reta a una siguiente proyección. Este último trabajo del director estuvo nominado a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Paul Newman para pesar del cine y de quienes admiramos su labor, no volvió a dirigir. No obstante, no son muchos los que podrían ufanarse como él, de haber llevado a cabo una filmografía valiente y personal, que no quiere quedar bien con nadie. Vale la pena volver a Newman y ese costado suyo también bello, aunque doloroso.

11 de septiembre de 2009

El horror según Jaume Balagueró

A propósito del reciente estreno de [REC]2 en el Festival de Venecia, quería compartir con ustedes, este artículo que escribí hace algún tiempo sobre la obra de uno de sus directores, Jaume Balagueró.

¿Cómo hacer una buena película de terror? Solo explorando los propios miedos para transmitirlos con toda su intensidad. Los filmes de Jaume Balagueró abundan en esa intensidad que se advierte conocida desde su gestación. Su no tan extenso, pero fructífero universo fílmico está poblado por fantasmas, niños perversos, sectas del mal, zombies y algunas mentes desquiciadas que habitan mansiones o edificios, casi siempre alejados de la ciudad. Es cierto que todo ello no es nuevo en el género, maestros como John Carpenter, George Romero o Darío Argento - por citar algunos ejemplos - han hecho delicias con estos tópicos. No obstante, es valioso encontrar a un cineasta que ya se puede considerar como un buen heredero de la mejor tradición del horror.

La aventura cinematográfica de Jaume Balagueró empieza en 1994 con Alicia, cortometraje que dirigió sobre la base de una historia original que le valió el premio del Festival Internacional de Sitges. En este trabajo las reminiscencias a Lynch y Cronenberg se pueden vislumbrar claramente. La pérdida de la inocencia de una adolescente, aparece en imágenes bizarras y escalofriantes. Accedemos a una realidad alterna de degradación en la que mostruos amamantan y seducen. Una suerte de pesadilla del despertar sexual.

El cineasta da un paso más al año siguiente con Días sin luz, otro corto con el que continúa ofreciendo atmósferas agobiantes, esta vez con un recorrido a través de la trágica memoria de un hombre que ha sido marcado en la niñez por el abandono y el sometimiento. Con un final desconcertante y efectivo en lo visual, Balagueró demostró que tenía las aptitudes para incomodar con horror por más de ocho minutos. Ya era hora de dar el salto al largometraje.

Sin embargo, no fue hasta 1999 que el realizador español estrenó su ópera prima Los sin nombre. Basada en la novela homónima de Ramsey Campbell, esta cinta parte de una interesante premisa: el hallazgo del mal absoluto como puerta a un nivel supremo. En las primeras escenas, se devela el cuerpo de una pequeña encontrado en un pozo de aguas pútridas. Le sigue a ello, una autopsia al mejor estilo de Jonathan Demme en El silencio de los inocentes (1991). Repara en los detalles de la descomposición, la cámara se regodea con cada resquicio del cadáver. Pero Balagueró, no se limita a atemorizar con el asco, porque lo suyo también está en la creación de climas y en esta película lo logra de forma contundente, a través de construcciones derruidas que abren paso al desentrañamiento de un malsano misterio.

Uno de los primeros temores humanos es, sin duda, el miedo a la oscuridad. Sentirse indefenso al enfrentar a eso desconocido que se puede ocultar en las sombras. Sobre esto vuelve Balagueró en el 2002 con La séptima víctima, trabajo que supuso su lanzamiento internacional. Con un reparto encabezado por Anna Paquin, este filme es el retrato de lo que alguna vez fue una familia sin problemas. No obstante, a medida que se va desarrollando la acción, notamos su fracturas insalvables, la negación de un real peligro que los circunda y que no solo se debe a una amenaza sobrenatural. Así, tenemos en pantalla a cuatro seres humanos que dejan de reconocerse cuando comienzan a habitar una casa en las afueras de Madrid. Un lugar enorme de cuartos secretos y dolor impregnado en las paredes.

Aquí es donde podemos apreciar en mayor medida, la capacidad del director para trabajar con lo sugerido, para dejar que el espectador pueda completar algunos espacios con sus peores pesadillas. La consigna es dejar de mostrar y explicar todo. A esto se le conoce como "El efecto Balagueró" y es un sello distintivo en sus cintas. En La séptima víctima, lo apreciamos en los momentos de mayor tensión, cuando ya se ha desatado la insania y el mal no solo se ha transformado en corpóreo. Así también, la iluminación utilizada le brinda una dimensión activa a la penumbra, que se desplaza como un personaje más, ominipresente y maldita. De otro lado, es imposible no relacionar pasajes de esta película con grandes momentos del cine de terror, como los que encontramos en El resplandor (1980) de Stanley Kubrick y El bebé de Rosemary (1968) de Roman Polanski. Acostumbrado a rendir homenaje a sus cintas favoritas, Balagueró se permite estos guiños con los fanáticos del género.

Para Frágiles (2005) o El hospital del terror, como se le conoció por estos lares, vuelve a contar con un equipo internacional. La protagonista esta vez es Calista Flockhart que da vida a una enfermera recién llegada a un centro médico infantil a punto de ser clausurado. Otra vez volvemos sobre los pasos de un tópico tantas veces explotado: el lugar embrujado que los fantasmas no quieren compartir. Sin embargo, el talento del cineasta español está en saber aprovechar los espacios para lograr las atmósferas más efectivas y jugar al sobresalto. Recorrer los largos pasillos de ese hospital en el que los huesos de los niños se quiebran inexplicablemente es sobrecogedor. Ayudado por una fotografía de tonalidades azules, el clima gélido impregna a cada personaje de una apariencia mortuoria, como si se trataran todos de seres espectrales, sondenados a vagar eternamente. Resulta curioso que el único pasaje en el que se puede divisar algo colorido, sea la escena de los pequeños viendo la cinta animada La bella durmiente (1959) de Walt Disney. Curioso porque esa vida de colores pasteles que debe caracterizar a la infancia, se encuentra atrapada en la pantalla de un viejo televisor.

Uno de los nombre clave del cine de terror en España, es el de Narciso Ibáñez Serrador. Creador de filmes clásicos como La residencia (1969) y ¿Quién puede matar a un niño? (1976), también tuvo una faceta televisiva en la que escribió y dirigió una serie denominada Historias para no dormir que se empezó a transmitir en los años sesenta con bastante éxito. Más de tres décadas después, se da la oportunidad de revivir este proyecto - que sería supervisado por el mismo Ibáñez Serrador - convocando a los nuevos talentos del género, pero no para llevar a cabo una serie, sino telefilmes bajo el rótulo de Películas para no dormir. Por supuesto, Balagueró estuvo entre los elegidos, por lo que en 2006 dirigió Para entrar a vivir, destacado ejercicio de estilo.

Una pareja joven y el sueño del departamento propio. Un argumento tan simple como ese le sirve al director para inyectar el horror con violencia. Aquí hay un escaso preámbulo de misterio, puesto que la acción se desata rápidamente. De la calma y las conversaciones intrascendentes, pasamos a los gritos y huídas desesperadas. El sobresalto esta ves viene de lo cotidiano, de ponerse en la piel de los personajes que no encuentran envueltos en laguna situación sobrenatural. Balagueró además, deja por un momento el velo psicológico que estuvo presente en sus otras películas, para dar paso a una buena dosis de gore. Ahora, no es que antes no haya explorado ese tereno, pues en sus obras siempre reservó unas escenas para el lucimiento de la sangre brillante y espesa. No obstante, es en Para entrar a vivir que el protagonismo se lo llevan las mutilaciones, el deterioro del cuerpo y por supuesto, el líquido rojo que brota a chorros.

Tuvo que pasar un año para que [REC] viera la luz. Condirigida con Paco Plaza, es su cinta más exitosa y celebrada. Nuevamente nos topamos con una línea argumental sencilla: un programa de televisión pretende pasar una madrugada acompañando a los bomberos para registrar su labor diaria. Con esa premisa, nada hace presagiar el festival de terror que el filme guarda para unos espectadores que en los primeros minutos se instalaron como voyeurs frente a la pantalla, y que fácilmente accedieron al juego cómplice de Ángela - la reportera - en su afán de grabarlo todo.

[REC] es una película que mezcla diferentes tradiciones: la de un grupo en peligro que sortea la adversidad; la de los zombies feroces y hambrientos; y la de la posesión demoníaca. Es en este punto, que se puede advertir que la cinta se ha realizado con el ánimo de dejar satisfechos a los más acérrimos amantes del cine de terror, como son los mismos directores. de otro lado, el uso de la cámara en mano magnifíca el nivel del caos y revela el desconcierto, así como el pánico creciente de su protagonistas. Balagueró y Plaza logran que la sensación de claustrofobia y temor sea aún más vívida en la butaca. Como prueba de ello, quedan para el recuerdo las imágenes promocionales de la película en las que se mostraba a un público consternado en la primera función de [REC] en el Festival Internacional de Sitges.

Con Jaume Balagueró, el horror ha encontrado un artífice que lo aleja de la pura truculencia y efectismo, en tiempos de ideas escasas y remakes muchas veces innecesarios. Esperamos que el cineasta no se desvíe en el camino y continúe escarbando en los miedos que tan bien conoce.

20 de noviembre de 2008

En la mente de Tarantino: Su clase maestra en Cannes 2008

La clase maestra del Festival de Cannes de este año estuvo a cargo de Quentin Tarantino, director de Pulp Fiction y Kill Bill, quien se encargó de dictar cátedra acerca de su forma de hacer cine. Tarantino con el buen humor y sinceridad a las que nos tiene acostumbrados, respondió a las preguntas del crítico Michel Ciment, ante un público que en masa celebró cada una de sus intervenciones, en las que dejó en claro que no solo tiene toda la pasta que se espera en un realizador, sino que también es ese cinéfilo voraz con el que uno bien podría identificarse.

Hasta ahora, solo había podido acceder a algunas transcripciones y pequeñas capturas de ese momento. Por fortuna, desde hace poco se puede encontrar en youtube, un especial llamado "Tarantino por Tarantino" difundido por un canal español en el que se aprecian varios extractos de esa charla acompañados de inmejorables imágenes. Quentin comenta acerca de sus influencias directas (Brian De Palma, Howard Hawks, Martin Scorsese, Mario Bava, Robert Aldrich, etc); de cómo le sirvió el estudiar actuación para el proceso de creación de un guión; su experiencia en Sundance con Reservoir Dogs; sobre la música en sus cintas; la estética utilizada en Kill Bill y detalles de su última travesura, Death Proof. El especial está en tres partes, disfrútenlo:







9 de octubre de 2008

En memoria de Youssef Chahine, maestro egipcio

Una trayectoria cinematográfica de 57 años no puede pasar desapercibida. Más aún si ésta se ha dedicado casi por completo a denunciar la desigualdad social, la intolerancia y el fanatismo de cualquier clase. No obstante, el pasado 27 de julio, la muerte del egipcio Youssef Chahine, nos encontró en un día de invierno cualquiera y nada se escuchó o vio en los noticieros locales. Solo una concisa nota en algún diario, dio cuenta del acontecimiento, a pesar de tratarse de uno de los directores más reconocidos a nivel internacional. Una vez más se confirmó que las distancias que nos separan del resto del mundo, no solo son territoriales.

Nacido en la cosmopolita Alejandría de 1926, en el seno de una familia de origen libanés, el joven Youssef Chahine, decide inmigrar a los Estados Unidos para estudiar actuación y cine en el Pasadena Playhouse de Los Ángeles. Una vez terminados sus estudios, retorna a Egipto, en donde hacia 1950, rodaría “Papa Amine” , cinta con la que dio inicio a una filmografía y un prestigio que en los años siguientes se asentarían básicamente entre su tierra natal y Europa, continente que mediante coproducciones le brindó respaldo a la calidad de sus películas.

Considerado como uno de los renovadores del cine egipcio, Chahine se aparta de las convenciones comerciales que en la década del cincuenta, primaban en las producciones que en masa realizaba la industria de su país, mediante musicales y comedias, para optar por plasmar situaciones que fueran de fácil identificación para el espectador común. Así, deja de lado la fantasía y se adentra en la realidad de las calles de Alejandría, influenciado por el neorrealismo italiano, corriente representada, entre otros, por Roberto Rossellini, de quien se confesaba gran admirador. Es en esta primera etapa, que consolidaría el éxito fuera de Egipto al ser nominado al Oso de Oro en el Festival de Berlín por el filme “Estación central” (1958), cuya trama se desarrolla en la estación de ferrocarriles de El Cairo y la fauna que día a día la recorre.

Posteriormente, el director continuaría con una estrecha colaboración que había empezado en “Yamila” (1958), cinta anterior a “Estación central”. Nos referimos al escritor Naguib Mahfuz, quien se encargó del guión de la epopeya histórica “Saladino, el victorioso” (1963) y de la película de intrigas “La elección” (1970). Guiones que trasladados al celuloide, transmitieron la rigurosidad y madurez de un cine, que años después sorprendería al mundo con la famosa trilogía de tintes autobiográficos, conformada por “Alejandría, por qué” (1978), “La memoria” (1982) y “Alejandría aún y siempre” (1989).

En 1994, su filme número 35, “El emigrante”, despertaría los ánimos más encendidos del islamismo, quienes vieron en esta cinta basada en la conocida historia del profeta José, una blasfemia contra el Corán, que prohíbe darle un rostro a cualquier personaje venerado por los musulmanes. Chahine conocería entonces, la persecución, cuando por orden de un tribunal, la película fuera retirada rápidamente de las salas egipcias, además de prohibir su exportación. Sin embargo, dada la presencia de la firma coproductora francesa, se lograron sacar algunas copias, lejos de su territorio natal.

Todo ese proceso de impotencia, frente al poder islámico, fue plasmado en su siguiente película, “El destino” (1997), en la que toma la figura de otra víctima de persecución, Averroes, el notable filósofo del siglo XII. Chahine hace que viajemos a un pasado de componendas políticas y religiosas, para denunciar la intolerancia de la que fue objeto. “El destino”, fue uno de los filmes seleccionados como parte de la competencia oficial del Festival de Cannes. No obstante, otro galardón se estaba reservando para el realizador egipcio.

“Humanidad, tolerancia, coraje y clemencia”, fueron algunas de las palabras pronunciadas por la actriz Isabelle Adjani, al entregar el premio por toda una trayectoria, en el quincuagésimo aniversario del Festival de Cannes. Palabras que a cuyo eco, se unieron los aplausos de una multitud que de pie, homenajeó al cineasta Youssef Chahine, que visiblemente emocionado presenció como un sueño acariciado por casi medio siglo, se hacía realidad en 1997. Acontecimiento del que una década más tarde y como retribución a este festival francés, Chahine se encargaría de hacer un cortometraje de tres minutos, al que tituló “47 años después”, como parte del filme colectivo “A cada uno su cine”.

En su siguiente cinta, “El otro” (1999), una historia romántica sirve de pretexto para abordar la crítica social sin disimulos, ni moderaciones. Para Chahine, el dinero, el poder y el fanatismo son los corruptores absolutos de la naturaleza humana. Aquí, tanto las personas acomodadas como la gente sin recursos están equivocadas, ya sea por la riqueza o por la devoción extrema hacia su religión. Otro punto que hace este filme por demás interesante, es el retrato del amor obsesivo de una madre por su hijo, un afecto que por momentos linda con lo erótico y lo malsano.

Uno de sus últimos trabajos, fue el que realizó en 11’09’’01 (2002), filme colectivo que produjo el francés Alain Brigand, reuniendo a once realizadores de todo el mundo para concederle a cada uno 11 minutos, 9 segundos y 1 fotograma, con el objetivo que idearan once cortos relacionados con la fecha fatídica. Entre los convocados se encontró Chahine, que fiel a su estilo, elaboró un corto en el que no todo era lamento por los atentados, sino que por el contrario lanzaba unas cuantas verdades al gobierno estadounidense, cuestionando su política exterior. Como era de esperarse el trabajo del director fue muy polémico, incluso, fue tachado de anti-norteamericano y panfletario musulmán. Nada más lejos de la verdad.

Defensor incansable de la libertad y la tolerancia, además de pensador lúcido, Youssef Chahine y su coherente filmografía, esperan ser descubiertos por muchos de nosotros, que tanto tiempo estuvimos ajenos a una obra, que con el transcurrir del tiempo se vislumbra aún más valiente y poderosa.

13 de junio de 2008

La explosión de la Antigua Carne: Videodrome (1983) de David Cronenberg

¡Ah, Cronenberg! Las sensaciones que puede provocar. Inserta el cassette de video en mi mente y definitivamente cambia, todo cambia. Labios deseosos en pantallas vívidas, aparatos que pueden sentir y dejarse sentir, pistolas que se funden con la carne, abdómenes-vagina, abdómenes-videocassettera. Todas estas imágenes se alojan en mi cerebro y sé desde un primer momento que éste las acogerá de forma perenne. Sé que casi nada será igual.

El director canadiense conoce a su público ávido de pasear por territorios sinuosos, por eso Max Renn (James Woods), nos resulta desde un primer momento tan simpático, tan familiar, es fácil abrazarlo como hacemos con un viejo amigo. Es Presidente de Civic TV (a captar la ironía) que como no podía ser de otra manera, emite los programas tachados de “inmorales”: la pornografía más soft, el erotismo entretenido y coreográfico y violencia calificada como excesiva. Y claro, si su canal se atreve a transmitirlos es porque existen espectadores, gente que espera más emociones, más “diversión”. Entendemos que quiera dar un paso más (“Estoy buscando algo que rompa barreras. Algo brusco”). Entendemos su fascinación cuando ve ese programa extraído de una señal pirata en el que una muchacha es desnudada y torturada. “Brillante… No puedes dejar de mirarlo… Es increíblemente realista”, comenta Max. “¿Cuál es el nombre?”, pregunta. Videodrome, es la respuesta.

Videodrome. Videodrome. Videodrome. El nombre da vueltas y captura a Max. Nos captura. El cassette comenzó su trabajo. O sería mejor decir: Cronenberg empieza su labor de trepanador.

Ingresamos entonces a esa realidad personal, que se impregna, que fascina y cuestiona. El director nos atrapa usando nuestras propias redes y de ahí parte también la extrañeza que sentimos (¿O es que acaso no te has sentido levemente identificado con Max?).


El realizador de “Shivers” y “Rabid”, dispara a los medios de comunicación, concretamente a la televisión. Lanza este dardo y causa la reacción esperada en todos aquellos que en plena década de los ochenta se sentaban frente al televisor horas de horas, en la que los canales a través de su programación ejercían la principal influencia en las masas, llegando a convertirse en el ente manipulador por excelencia. En una sociedad basada en el poder de la imagen, la pantalla de TV es la retina del ojo de la mente, como bien menciona uno de los personajes.

El hombre y su relación con la ciencia - tecnología ha sido un tema esencial en el cine de David Cronenberg. Su función que en un inicio es renovadora, se manifiesta luego superior al hombre, buscando revelarse ante su padre, fundirse con su carne. Lo lleva hacia una destrucción - liberación del cuerpo, pero antes debe hacer que descienda a los sótanos más oscuros de su psique donde lo espera una realidad paralela de ensoñaciones atemorizantes.

Max con Videodrome instalado mediante de un tumor en el cerebro, recorre uno a uno los círculos de su infierno personal. A diferencia de Dante a él no lo acompaña Virgilio, sino las imágenes tentadoras de una Nicki Brand (Deborah Harry) lacerándose, hundiendo cigarrillos quemantes en su piel. La señal de video lo controla, mueve sus hilos, pero está muy lejos de saber que los titiriteros son unos puritanos que quieren impulsar un nuevo orden, “limpiar” esa sociedad pegada a los monitores. Sin embargo, ya es demasiado tarde para ellos, pues la Antigua Carne debe explotar y dar paso a una fresca y nueva. Una Nueva Carne que es una declaración de principios contra lo arcaico, que se alza como un ser distinto, superior en ese encuentro del cuerpo con la tecnología y que convoca a Max a través de la voz seductora de Nicki, quien lo espera observando su renacimiento al otro lado de la pantalla. Una Nueva Carne…¡Larga vida a ella!

20 de mayo de 2008

De sentir, ver y oír: Kubrick responde sobre "2001: Una Odisea en el Espacio"

Novel Observateur: En su film, los astronautas no parecen tener la menor emoción. El personaje más emotivo es HAL, y al oírlo parece que se oye hablar a un ser humano. ¿No es esto una contradicción, ya que después de todo HAL es sólo una máquina?

Kubrick: el verdadero protagonista de "2001" es HAL, por lo que Arthur Clarke y yo decidimos darle una personalidad. Nos pareció muy interesante tomar una simple máquina y escribir el guión de modo que la gente acabe de sentir algo por ella. También era preciso hacer comprender a los espectadores que, al utilizar máquinas que a veces son más complicadas e inteligentes que nosotros, ponemos en cuestión todos nuestros valores morales. Y la destrucción de una máquina de estas (tal como sucede en la cinta), ¿tiene menos significado que la destrucción de un individuo? En cuanto a que los astronautas parecen poco sensibles, es cierto. Pero, en condiciones análogas, supongo que se comportarían así, pues uno no elige a personas hipersensibles para un viaje a Júpiter.

Novel Observateur: ¿Y por qué han llamado HAL a la computadora? ¿Hubo alguna intención especial al hacerlo? ¿Quería ridiculizar a la I.B.M?

Kubrick: Arthur Clarke y yo queríamos dar a la máquina un nombre humano, y por eso elegimos ese, que está compuesto de las iniciales de "Heuristic" y "Algoritmic", es decir la heurística, la educación a través de la experiencia, y la algorítmica, la posiblidad de formulación, dos características que debería tener una máquina así. Entonces, un criptógrafo ha visto la cinta y ha dicho: ¡Ya está... ya entiendo por qué se llama HAL!, y ha señalado que las tres letras H, A y L preceden a las letras I.B.M. Pero nosotros no habíamos pensado en esto.

Novel Observateur: Entonces, para usted uno de los problemas importantes que plantea "2001" es el de la relación entre el hombre y la máquina.

Kubrick: En efecto. Una máquina superinteligente como HAL es hija del hombre, una hija superior, y las relaciones con estas máquinas serán muy complicadas. Debemos hallar un nuevo modo de tenerlas en cuenta, y lo menos que se puede pensar es que no se comportarán como una máquina de coser. No creo que, necesariamente, se dé una lucha entre el hombre y la máquina, y si nosotros hemos planteado un conflicto en el film, ha sido porque queríamos escribir una historia en la que se diese una situación dramática. Pero no veo el motivo por el que la máquina deba irritarse con el hombre, allá en el 2000. Para ella, el hombre será muy útil, pues la cuidará.


Novel Observateur: Pero "2001" presenta también el problema de la fiabilidad de la máquina.

Kubrick: En la película, HAL dice muchas veces que es perfecto. En efecto, este ordenador, que ha tenido una preparación especial, es infalible y dice siempre la verdad. Pero también ha sido condicionado para engañar a la tripulación de la nave Discovery, que no debe saber que el verdadero objetivo de la misión es descubrir si en Júpiter hay seres inteligentes. Esto se debe a que se supone que si los seres humanos se enterasen de la existencia de seres "superiores" se quedarían paralizados, sin esperanzas en el futuro... sería un "shock cultural". Yo, personalmente, no creo que los seres humanos reaccionasen de un modo tan negativo. Pero, volviendo a HAL, el caso es que ha sido programado para decir la verdad y, al mismo tiempo, para engañar a la tripulación, por ello debe enfrentarse con lo que los investigadores llaman un conflicto de programación. Y tiene un fuerte complejo de culpa. Hace ver que se ha estropeado la antena de la nave. Actuando de este modo, pone en peligro la misión y los astronautas comienzan a tener dudas acerca de él. Cuando se da cuenta, trata de destruirlos, y es en este momento cuando se transforma en "emotivo", como usted dice. Está desconcertado, porque ve su propia vida en peligro.

Novel Observateur: Entonces, ¿es "2001" un film freudiano?

Kubrick: En cierto modo, sí. HAL es sensible, celoso. La mayor parte de los expertos sobre ordenadores dicen que, en el 2000, unas máquinas tan terriblemente complicadas estarán sujetas a las mismas enfermedades mentales que nosotros, y tendrán problemas psicológicos similares a los nuestros.


Novel Observateur: ¿Representa "2001" una nueva manera de enfrentarse al problema del erotismo?

Kubrick: Sí, en la medida en que existe una especie de erotismo en la maquinaria. Así, en la industria espacial estadounidense se usa el epíteto "sexy" en el argot del espacio, para definir a las máquinas bellas. Pues las máquinas son muchas veces belleza en movimiento. En "2001" los planetas bailan unos alrededor de otros. Por otra parte, muchas de las secuencias del film han sido concebidas de modo coreográfico. El viaje hacia la estación en órbita se inicia con la melodía del Danubio Azul. Esta secuencia está estructurada como si fuera de una cinta musical, pero en vez de actores que cantan y bailan, tenemos a una estación orbital y una nave espacial que se mueven grácilmente al son de un viejo vals.


Novel Observateur: ¿A qué viene el usar nombres comerciales en "2001"?

Kubrick: He querido dar nombres familiares a los espectadores: Pan American, Hilton, Bell, para que creen una sensación de realidad en una historia que, no lo olvidemos, resulta bastante difícil de creer. Estos nombres son puentes de credibilidad.

Novel Observateur: Sin embargo, no resulta tan difícil creer en "2001". Sabemos que las más altas autoridades científicas anglosajonas que han colaborado en el film (NASA, I.B.M, Vickers-Armstrong) han declarado que todo lo que se ve existirá, con diferencias de detalle, en el 2000.

Kubrick: Sí, y le puedo dar algún ejemplo. En la película se ve, dentro de la nave espacial que sube hacia la estación orbital, a una azafata que camina por el techo. Esto será posible porque en las naves espaciales no habrá gravedad. Y como esto impediría trabajar al personal, este podrá llevar unos zapatos con suelas de un material adhesivo, como el velcro, que también cubrirá el suelo de la nave y permitirá desplazarse casi con normalidad. Otro ejemplo que hay en la película es cuando un astronauta logra desplazarse en una emergencia por el vacío, sin sus aparatos de presurización y oxigenación. Hasta hace poco se creía que el hombre no podía sobrevivir ni por un sólo instante en el vacío, pero los experimentos realizados con perros y monos han demostrado que pueden sobrevivir casi dos minutos en el vacío. Pero, aún a pesar de todo esto, lo que pasa en "2001" puede aparecer inverosímil para el espectador medio.

Novel Observateur:
Se dice que las visiones del astronauta, cuando llega a Júpiter, son las que de verdad tendría un astronauta en tal situación. ¿Es verdad?

Kubrick: En este caso, la situación está relacionada con el planteamiento fantacientífico del film. El protagonista entra en eso que, en Ciencia Ficción, se llama otra dimensión espacio-temporal, y cae entre las manos de unos entes. Esos extraterrestres no son seres humanos, sino espíritus puros. Y han creado, con todo detalle, un apartamento estilo Luis XVI, en el que han metido al astronauta. Es una especie de jardín zoológico para un ser humano. Allí, él se siente bien, y las entidades lo pueden estudiar. Luego muere, y renace bajo la forma de un superniño que regresa a la Tierra. De algún modo, "2001" es un mito moderno.


Novel Observateur: Algún crítico, después de haber visto el film, ha dicho que era una obra nietzschiana, arguyendo que el tema principal de "2001" es la evolución humana desde el mono hasta el superhombre.

Kubrick: Ciertamente, pero Nietzsche no es el único que haya tratado el tema del superhombre, pues este aparece en casi todas las mitologías: el héroe que va al cielo o al infierno, se enfrenta a grandes peligros y vuelve a la Tierra deificado, o como un superhombre. Y nosotros, los seres humanos, no somos, evidentemente, superhombres. No debemos considerarnos como la más maravillosa creación posible, pues apenas si estamos en los inicios de la inteligencia. Y, si no nos destruimos a nosotros mismos, resultará que la energía atómica y nuestros conocimientos científicos actuales son el primer paso del hombre por el Universo. La Tierra es la cuna de la vida, pero el hombre no puede permanecer toda la vida en su cuna. Probablemente estemos ahora en la escuela elemental, y luego salgamos al Universo.


Novel Observateur: Por todo esto, en "2001" usted parece optimista, mientras que en "Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú" (Dr. Strangelove) era más bien pesimista. ¿Cómo explica este cambio?

Kubrick: El ser optimista o pesimista depende mucho de la forma en que uno se ha despertado por la mañana. Pero si se realiza una película como "Teléfono Rojo...", el dar una respuesta optimista a una obra que trata de los peligros de una guerra nuclear representaría no mostrarse coherente con el argumento. En "2001" se está tratando con una entidad extraterrestre, y resultaría muy arbitrario el tener un punto de vista pesimista con respecto a esa cuestión.

Novel Observateur: ¿Cree que los descubrimientos espaciales constituyen un método para evitar una guerra atómica?

Kubrick: Desde luego. Permitirán que el hombre haga algo peligroso y costoso. Y estas dos cosas le quitarán un poco el deseo de hacer la guerra.

Novel Observateur: Así que, según usted, estas inteligencias superiores, ¿serían benévolas con respecto al hombre, o bien tratarían de hacerle daño?

Kubrick: Según mi opinión, existen numerosas posiblidades de que sean benévolas. Pero un célebre físico estadounidense, el Dr. Frieman Dyson, supone que pueden existir inteligencias psicóticas, es decir, que tiendan hacia el mal.

Novel Observateur: ¿Y usted qué cree, que estas inteligencias extraterrestres tienen una forma biológica o no?

Kubrick: Evidentemente, no sabemos bajo qué forma pueden presentarse. No podemos descartar la posiblidad de que sean rocas, estatuas o cristales inteligentes, o incluso de una materia gaseosa consciente o enjambres de partículas eléctricas sensibles. Podrían ser una forma de vida a base de silicio, a diferencia de la nuestra, que está basada en el carbono. ¿Por qué esa vida no podría ser pura energía o puro espíritu o incluso, por qué no, como se dice en ciertas novelas de ciencia ficción, hombres verdes con tres brazos y seis ojos?

Novel Observateur: ¿Quiere añadir algo más, señor Kubrick?

Kubrick: Sí, que "2001" es, antes que nada, una experiencia verbal. No es preciso tratar de entenderla, sea como sea. Lo que es preciso es, sobre todo, verla, oirla, y sentirla .

[Traducción de Luis Vigil para Vampirella N° 09, agosto 1975, Garbo Editorial S.A., Barcelona, España]

13 de mayo de 2008

Pastillas para no soñar: El Apartamento (1960) de Billy Wilder

La recuperación de la dignidad y el amor, son temas tratados en esta película sobre un hombre que es solo una cifra entre miles de escritorios de una compañía: C.C. Baxter (Jack Lemmon), un empleado que presta su apartamento para las andanzas extramatrimoniales de sus jefes. El director de “Double Indemnity” y “Sunset Boulevard” con su conocida mirada desencantada y cínica, retrata a una sociedad en la que los escrúpulos sirven de poco si se quiere “ser alguien” con nombre y apellido en un rótulo de oficina propia, existir para si mismo y para los demás, dejar de ser un número, al fin y al cabo. Sin embargo, el costo es entregar una cuota de dignidad a medida que se escala de piso, mientras interiormente se desciende a los infiernos con el sombrero nuevo, estilo joven ejecutivo. Wilder señala ese sendero matizando el recorrido con carcajadas que terminan en medias sonrisas y luego dan paso a la melancolía cuando caemos en cuenta de la amarga punzada que acabamos de presenciar. El irrepetible Billy, después de mostrar nuestro reflejo en un espejo roto, de hacernos sentir fragmentados, solo le da chance al amor, como redentor y vehículo de afirmación del ser humano, pero no puede evitar su naturaleza escéptica y su suerte la deja al azar de un juego de cartas.

14 de abril de 2008

El tesoro en la matrioshka : "El Orfanato" de Juan Antonio Bayona

Precedida de buenos comentarios y multipremiada en la última edición de los Goya, llega a cartelera “El Orfanato”, ópera prima de Juan Antonio Bayona, presentada nada menos que por Guillermo del Toro en la producción.

La película abre con unos pequeños niños corriendo en un inmenso jardín, parte de una mansión victoriana cuya presencia es imponente en medio de un paisaje bucólico. El infantil ¡Un, dos, tres… Toca la pared! que se presenta tan inocente ante nuestros ojos, será luego una pista juguetona y a la vez macabra para desentrañar el misterio de la desaparición de un niño al cual su madre adoptiva Laura (Belén Rueda), busca desesperadamente. El hijo perdido se convertirá entonces en la obsesión que la hará transitar entre la locura, la paranoia y una supuesta certeza del mal existente en la casa que antes habitó como una huérfana y que ahora pretende convertir en un albergue para niños discapacitados.

Es en este punto que “El Orfanato” nos remite a la que quizás es una de las mejores adaptaciones literarias en el cine de terror, “Los Inocentes” de Jack Clayton, versión fílmica de la novela “Otra vuelta de tuerca” de Henry James. Al igual que Deborah Kerr, la protagonista recorre solitaria los pasillos de la enorme casa en espera de respuestas, no solo a la búsqueda de su niño enfermo, sino también a esa duda que la atormenta desde que su hijo empezó a tener varios amigos imaginarios. La heroína se aferrará a indicios que, para su desesperación, solo ella podrá percibir, pero que también se presentan “coherentes” en el marco de la historia para el espectador, logrando así el director darle cierto clima de ambigüedad, algo que Alejandro Amenabar también incluyó en “Los Otros”.

Además de las películas ya mencionadas, las referencias fílmicas continúan en una suerte de mix de tópicos clásicos del género. Dicen “presente” desde “Poltergeist”, “Sexto Sentido” hasta algunos guiños a la japonesa “Dark Water” de Hideo Nakata a los que Bayona pretende dar “una vuelta de tuerca”, apostando por elementos de drama psicológico en el personaje de Belén Rueda, que está muy bien retratada en los límites de la insania y lo sobrenatural.

La presencia de los niños en los filmes de terror, siempre ha resultado inquietante, más que nada por la asociación inmediata a la inocencia y a la fragilidad. Por eso, las primeras apariciones de Simón (Roger Príncep), el hijo de Laura, deleitándose con la sorpresa y el miedo que le produce a su madre cuando la hace partícipe de los juegos con su demás “amigos”, son agobiantes. En ese mismo tono, el casi siempre cubierto Tomás, que portando una máscara hecha a trancos con un pedazo de saco viejo y unos botones por ojos, hace que su presencia sea escalofriante.

Lo lúdico es esencial en esta cinta y el cineasta español ha sabido filmar “El Orfanato” en esa clave. La cámara se mueve reparando en pequeños detalles, en piezas que luego inevitablemente tendremos en cuenta para armar el rompecabezas final. Al igual que la matrioshka que Laura va desentrañando hasta llegar a la muñeca más pequeña en ese juego de búsqueda del tesoro, la mansión también aguarda por ser descubierta hasta su última puerta, hasta su último rincón, en su afán de expiar las culpas, de liberarse de esa tristeza que la embarga por ser testigo de terribles sucesos.

La puesta en escena es otro elemento a destacar. La ubicación de la casa, la casi ausencia del sol, las grandes habitaciones siempre lúgubres, las máquinas de juego oxidadas y chirriantes que se mueven con un viento que siempre trae hojas secas, refuerzan el ambiente gótico en el que se desarrolla la trama y en el que los personajes aparecen en tonalidades ocres, como si siempre se tratara del pasado, como si estuvieran atrapados en el tiempo.

Existen secuencias muy bien logradas, como las de los juegos, la fiesta de inauguración del albergue con esos invitados enmascarados (que en algo me hizo recordar a “El Resplandor” de Stanley Kubrick) y la muerte de una trabajadora del ex – orfanato, que aumentan la tensión y son capaces de provocar algún sobrecogimiento en el espectador.

A pesar de todos los méritos que tiene, “El Orfanato” no logra cuajar y esto es obvio en el transcurso de la última media hora (que por contradicción es la del clímax), deviniendo en un final que se tornaba previsible. Asimismo, los últimos minutos sobran por explicativos y por un detalle que no aporta nada, más que sensiblería fuera de lugar. Sin embargo, dado el oficio mostrado por Juan Antonio Bayona, esperamos más trabajos que puedan confirmar y superar las dotes mostradas en esta su primera película.

10 de abril de 2008

El legado de Rafael Azcona

El mes pasado nos dejó a los 81 años, Rafael Azcona, uno de los más grandes guionistas de habla hispana. Este español que trabajó con Marco Ferreri, Luis García Berlanga, Carlos Saura, Fernando Trueba, entre otros, fue el responsable de numerosos títulos que se cuentan entre lo mejor de la cinematografía mundial. A razón de ello, y gracias a YouTube - qué haríamos sin él - dejo por aquí un excelente reportaje (en dos partes) realizado a manera de homenaje en el programa "Días de Cine" de TVE, llamado "De profesión, sus guiones" que repasa su filmografía, además de incluir extractos de una entrevista a Azcona. Aprovechen y vean los videos antes que hayan problemas con el copyright

1era parte:

2da parte:


7 de abril de 2008

"She did it the hard way": Centenario de Bette Davis

El sábado 05 de abril, se conmemoraron cien años del nacimiento de Bette Davis, una de las más grandes actrices de la historia del cine. Como no podía ser de otra manera, este blog cuyo nombre se debe en absoluto al personaje que interpretó magníficamente en "All About Eve", quiere homenajearla reseñando parte de su extensa filmografía con estas 17 cápsulas. Espero que las disfruten.

1) Cautivo del Deseo (Of Human Bondage, 1934)

El poder sexual es una de las fuerzas más esclavizantes y demoledoras que existen. Otras son la manipulación y el chantaje. ¿Qué sucede cuando se echa mano de ellas? El abismo espera a la víctima que se entrega a un verdugo que, por añadidura, tiene ojos hermosos y distantes. Philip (Leslie Howard) arrastra ese castigo como hace con su pierna coja, aguardando el amor de Mildred (Bette Davis). La actriz consigue su primera nominación al Oscar con este filme de John Cromwell

2) La Mujer Marcada (Marked Woman, 1937)


Bette Davis encontró un papel hecho a su medida como la temperamental e inteligente Mary Dwight, en este filme dirigido por Lloyd Bacon. En los años 30 abundaron películas sobre la mafia y aunque ésta pudo ser solo aleccionadora, debido a la censura impuesta por el Código Hays, se arriesga mirando con simpatía a las prostitutas de los clubes nocturnos, presentándolas como víctimas del abuso y el prejuicio, pero también como las únicas capaces de sublevarse ante el poder y la muerte.

3) Jezabel (Jezebel, 1938)

Antes que la conocidísima Scarlett, otra rebelde sureña se desvivió por amor. En una época en que lo que más importa es no subvertir las reglas sociales, Julie (Bette Davis) al igual que la reina que da título al filme, escandaliza por desafiar rancias costumbres. Las sociedades reprimen con el repudio a quienes quieren salir del molde. Ni el amor permite esas libertades, quedando solo el sacrificio. Davis jamás lució tan hermosa como en esta cinta de William Wyler, que le dio el Oscar.

4) Amarga Victoria (Dark Victory, 1939)

El manejo eficaz del drama es lo que demuestra Edmund Goulding con esta película que en manos de otro director pudo haberse convertido en un discurso lacrimógeno. Claro, que Bette Davis con su actuación contribuyó bastante a que ello no sucediera, imprimiendo dignidad a Judith Traherne, personaje que afronta una muerte inminente. Con semejante argumento, la actriz corría el riesgo de caer en el efectismo y la sobreactuación. Sin embargo, Davis salió airosa consiguiendo ser nominada al Oscar.

5) La Solterona (The Old Maid, 1939)

El sur estadounidense siempre fue testigo de historias de mujeres amantes y sufrientes. Esta película ambientada en el 1800, no es la excepción, confirmando además las dotes del hábil Edmund Goulding. Bette Davis se ve vivaz, opaca y crepuscular a medida que van pasando los años. Todos son felices a su alrededor, pero ella tiene que disimular, aparentar, ocultar su propia maternidad por el qué dirán y porque para estallar existe un tiempo y el suyo ya ha terminado.

6) El Cielo y Tú (All This, and Heaven Too, 1940)


En la Francia del siglo XIX, todo lo que importaba era hacer las reverencias correctas, evitar las expresiones impropias y sobre todo contener la pasión, aunque ésta pidiera a gritos ser liberada. Anatole Litvak, recreó este mundo de trajes y apariencias, en el que es difícil que el amante salga ileso, pues en su accidentado camino puede encontrar la muerte o el desprestigio. Bette Davis está magnífica como la institutriz Henriette, mostrando en cada plano su impotencia disfrazada de honor.

7) La Carta (The Letter, 1940)

Unos disparos, una mirada fría y la luna de Singapur como testigo. Así empieza esta película donde se reencuentran Wyler y Davis como protagonista nominada al Oscar. El misterio deviene en drama, con secuencias en las que se respira un aire cargado, acaso fatal. El velo blanco que lleva la actriz para ocultar su rostro, solo acentúa las sombras que la acompañan en la expiación de la culpa. Y en ese tránsito, la condenamos y compadecemos, aunque suene contradictorio.

8) La Loba (The Little Foxes, 1941)

El tercer y último trabajo de la dupla Wyler – Davis, le dio uno de sus papeles más recordados valiéndole una nueva nominación al Oscar. Es que es difícil olvidar a una Regina Giddens imperturbable frente al ataque cardíaco de un marido que implora ayuda. La actriz construyó soberbiamente un personaje que bien pudo lucir solo un cariz sensual en esta cinta en que la podredumbre de una aristocracia inescrupulosa es develada por el director experto en retratos sociales.

9) Como Ella Sola (In This Our Life, 1942)

Por esos años, la maldad nunca fue recompensada, aunque en la realidad sucediera lo contrario. Así sucede en esta adaptación de la novela de Ellen Glasgow, que dirigiera John Huston. Lo que incrementa el valor de la cinta (en la que es previsible el destino de la protagonista) es, de lejos, la actuación de Bette Davis a la que vemos hacer de las suyas, como siempre deliciosamente. Lástima que el Código Hays haya quedado tan bien servido con esta historia.

10) La Extraña Pasajera (Now, Voyager, 1942)

Wong Kar-Wai, tan de moda actualmente, le debe bastante a los clásicos melodramas románticos. Uno de ellos es este filme con el que Bette Davis alcanzó su sexta nominación al Oscar. El sentido de libertad, el hallazgo de un amor tardío e imposible son temas tratados en esta cinta dirigida por Irving Rapper y en la que somos testigos de la transformación espiritual y física de una mujer a la que a falta de la luna, le bastan las estrellas.

11) Mas Allá del Bosque (Beyond the Forest, 1949)

Una variación de la heroína de Gustav Flaubert en clave fatal, es la que nos presenta King Vidor en el personaje de Bette Davis. El director aplicó las dosis de drama y film noir justas, mostrando en pantalla toda la seducción e inconformidad de una mujer que cree ciegamente que su destino podría ser distinto si dejara ese pueblo miserable. La actriz luce malvada, calculadora, desesperada y vencida, a la vez, mostrando sus cualidades camaleónicas de una escena a otra.

12) Eva al Desnudo (All About Eve, 1950)

La ambición y la falta de escrúpulos se camuflan fácilmente en un ambiente como el teatro en el que las máscaras abundan. Los únicos que salen indemnes son aquellos que por poseer la misma maldad, saben reconocerla. Joseph Mankiewicz aborda con maestría el competitivo mundo de las tablas, en el que es además, un homenaje a las actrices de verdad, esas criaturas temperamentales. Davis estuvo insuperable como la mordaz Margo Channing, consiguiendo otra nominación al Oscar y el premio del Festival de Cannes.

13) Banquete de Bodas (The Catered Affair, 1956)

Richard Brooks añadió algo más de emotividad a la carrera de Bette Davis que protagoniza esta cinta sobre sueños perdidos, la realización a través de los hijos y el matrimonio. Guardar un buen recuerdo de la fecha de la boda se convierte en una gema que resistirá los malos tiempos que vendrán inexorablemente con la vida en común. La actriz junto a Ernest Borgnine dibuja un retrato familiar bastante creíble que permitió al espectador común identificarse con su problemática.

14) Un Gángster para un Milagro (Pocketful of Miracles, 1961)

Frank Capra tenía la capacidad de hacernos creer que se podía tener esperanza en la gente, que el mundo era un poquito mejor. Siempre ha sido necesaria una buena cuota de optimismo, por más que la realidad matara la ilusión. Con esta, su última película, el mágico technicolor nos permite apreciar los hermosos ojos azules de Bette Davis que aquí disfruta a carcajada pelada (con esa risa impagable) y llora, conmoviéndonos siempre. Durante más de dos horas, tenemos carta libre para soñar.

15) ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962)

“No hay peor odio que el de la propia sangre”, decía Camilo José Cela en una de sus novelas. Robert Aldrich suscribiría esa frase. Una relación de hermanas descompuesta por el favoritismo de los padres y la envidia. Una reflexión sobre la fama y su efímera chispa. Decadencia, locura y muerte. Eso y más es esta cinta en la que Bette Davis como Baby Jane Hudson, libró una batalla interpretativa con otra grande, Joan Crawford, consiguiendo su undécima nominación al Oscar.

16) Canción de Cuna para un Cadáver (Hush... Hush, Sweet Charlotte, 1964)

Luego de “¿Qué fue de Baby Jane?”, Aldrich dirige este filme en el que una canción es el arma que desata la insania de una Bette Davis con una culpa difícil de cargar. Se perciben en la pantalla, pinceladas del maestro Henri-Georges Clouzot y su thriller “Las Diabólicas”, sin ser esto ningún demérito porque Aldrich maneja perfectamente la puesta en escena y los toques macabros, además de dirigir perfectamente a sus actores. Se agradecen las altas dosis de grand guignol.

17) Las Ballenas de Agosto (The Whales of August, 1987)

Lindsay Anderson reflexiona sobre la vida, visitando un pasado de risas pintadas en sepia, de ballenas que emigran en Agosto, de realeza ya inexistente. El ritmo contemplativo y pausado de esta película acompaña el andar de unos protagonistas que admiten serena y sabiamente el curso de los días. Bette Davis junto a Lillian Gish y Vincent Price saben que en el crepúsculo no permanecen los cabellos dorados, ni la lozanía; aunque la costa y el mar azul parezcan los mismos.