7 de abril de 2008

"She did it the hard way": Centenario de Bette Davis

El sábado 05 de abril, se conmemoraron cien años del nacimiento de Bette Davis, una de las más grandes actrices de la historia del cine. Como no podía ser de otra manera, este blog cuyo nombre se debe en absoluto al personaje que interpretó magníficamente en "All About Eve", quiere homenajearla reseñando parte de su extensa filmografía con estas 17 cápsulas. Espero que las disfruten.

1) Cautivo del Deseo (Of Human Bondage, 1934)

El poder sexual es una de las fuerzas más esclavizantes y demoledoras que existen. Otras son la manipulación y el chantaje. ¿Qué sucede cuando se echa mano de ellas? El abismo espera a la víctima que se entrega a un verdugo que, por añadidura, tiene ojos hermosos y distantes. Philip (Leslie Howard) arrastra ese castigo como hace con su pierna coja, aguardando el amor de Mildred (Bette Davis). La actriz consigue su primera nominación al Oscar con este filme de John Cromwell

2) La Mujer Marcada (Marked Woman, 1937)


Bette Davis encontró un papel hecho a su medida como la temperamental e inteligente Mary Dwight, en este filme dirigido por Lloyd Bacon. En los años 30 abundaron películas sobre la mafia y aunque ésta pudo ser solo aleccionadora, debido a la censura impuesta por el Código Hays, se arriesga mirando con simpatía a las prostitutas de los clubes nocturnos, presentándolas como víctimas del abuso y el prejuicio, pero también como las únicas capaces de sublevarse ante el poder y la muerte.

3) Jezabel (Jezebel, 1938)

Antes que la conocidísima Scarlett, otra rebelde sureña se desvivió por amor. En una época en que lo que más importa es no subvertir las reglas sociales, Julie (Bette Davis) al igual que la reina que da título al filme, escandaliza por desafiar rancias costumbres. Las sociedades reprimen con el repudio a quienes quieren salir del molde. Ni el amor permite esas libertades, quedando solo el sacrificio. Davis jamás lució tan hermosa como en esta cinta de William Wyler, que le dio el Oscar.

4) Amarga Victoria (Dark Victory, 1939)

El manejo eficaz del drama es lo que demuestra Edmund Goulding con esta película que en manos de otro director pudo haberse convertido en un discurso lacrimógeno. Claro, que Bette Davis con su actuación contribuyó bastante a que ello no sucediera, imprimiendo dignidad a Judith Traherne, personaje que afronta una muerte inminente. Con semejante argumento, la actriz corría el riesgo de caer en el efectismo y la sobreactuación. Sin embargo, Davis salió airosa consiguiendo ser nominada al Oscar.

5) La Solterona (The Old Maid, 1939)

El sur estadounidense siempre fue testigo de historias de mujeres amantes y sufrientes. Esta película ambientada en el 1800, no es la excepción, confirmando además las dotes del hábil Edmund Goulding. Bette Davis se ve vivaz, opaca y crepuscular a medida que van pasando los años. Todos son felices a su alrededor, pero ella tiene que disimular, aparentar, ocultar su propia maternidad por el qué dirán y porque para estallar existe un tiempo y el suyo ya ha terminado.

6) El Cielo y Tú (All This, and Heaven Too, 1940)


En la Francia del siglo XIX, todo lo que importaba era hacer las reverencias correctas, evitar las expresiones impropias y sobre todo contener la pasión, aunque ésta pidiera a gritos ser liberada. Anatole Litvak, recreó este mundo de trajes y apariencias, en el que es difícil que el amante salga ileso, pues en su accidentado camino puede encontrar la muerte o el desprestigio. Bette Davis está magnífica como la institutriz Henriette, mostrando en cada plano su impotencia disfrazada de honor.

7) La Carta (The Letter, 1940)

Unos disparos, una mirada fría y la luna de Singapur como testigo. Así empieza esta película donde se reencuentran Wyler y Davis como protagonista nominada al Oscar. El misterio deviene en drama, con secuencias en las que se respira un aire cargado, acaso fatal. El velo blanco que lleva la actriz para ocultar su rostro, solo acentúa las sombras que la acompañan en la expiación de la culpa. Y en ese tránsito, la condenamos y compadecemos, aunque suene contradictorio.

8) La Loba (The Little Foxes, 1941)

El tercer y último trabajo de la dupla Wyler – Davis, le dio uno de sus papeles más recordados valiéndole una nueva nominación al Oscar. Es que es difícil olvidar a una Regina Giddens imperturbable frente al ataque cardíaco de un marido que implora ayuda. La actriz construyó soberbiamente un personaje que bien pudo lucir solo un cariz sensual en esta cinta en que la podredumbre de una aristocracia inescrupulosa es develada por el director experto en retratos sociales.

9) Como Ella Sola (In This Our Life, 1942)

Por esos años, la maldad nunca fue recompensada, aunque en la realidad sucediera lo contrario. Así sucede en esta adaptación de la novela de Ellen Glasgow, que dirigiera John Huston. Lo que incrementa el valor de la cinta (en la que es previsible el destino de la protagonista) es, de lejos, la actuación de Bette Davis a la que vemos hacer de las suyas, como siempre deliciosamente. Lástima que el Código Hays haya quedado tan bien servido con esta historia.

10) La Extraña Pasajera (Now, Voyager, 1942)

Wong Kar-Wai, tan de moda actualmente, le debe bastante a los clásicos melodramas románticos. Uno de ellos es este filme con el que Bette Davis alcanzó su sexta nominación al Oscar. El sentido de libertad, el hallazgo de un amor tardío e imposible son temas tratados en esta cinta dirigida por Irving Rapper y en la que somos testigos de la transformación espiritual y física de una mujer a la que a falta de la luna, le bastan las estrellas.

11) Mas Allá del Bosque (Beyond the Forest, 1949)

Una variación de la heroína de Gustav Flaubert en clave fatal, es la que nos presenta King Vidor en el personaje de Bette Davis. El director aplicó las dosis de drama y film noir justas, mostrando en pantalla toda la seducción e inconformidad de una mujer que cree ciegamente que su destino podría ser distinto si dejara ese pueblo miserable. La actriz luce malvada, calculadora, desesperada y vencida, a la vez, mostrando sus cualidades camaleónicas de una escena a otra.

12) Eva al Desnudo (All About Eve, 1950)

La ambición y la falta de escrúpulos se camuflan fácilmente en un ambiente como el teatro en el que las máscaras abundan. Los únicos que salen indemnes son aquellos que por poseer la misma maldad, saben reconocerla. Joseph Mankiewicz aborda con maestría el competitivo mundo de las tablas, en el que es además, un homenaje a las actrices de verdad, esas criaturas temperamentales. Davis estuvo insuperable como la mordaz Margo Channing, consiguiendo otra nominación al Oscar y el premio del Festival de Cannes.

13) Banquete de Bodas (The Catered Affair, 1956)

Richard Brooks añadió algo más de emotividad a la carrera de Bette Davis que protagoniza esta cinta sobre sueños perdidos, la realización a través de los hijos y el matrimonio. Guardar un buen recuerdo de la fecha de la boda se convierte en una gema que resistirá los malos tiempos que vendrán inexorablemente con la vida en común. La actriz junto a Ernest Borgnine dibuja un retrato familiar bastante creíble que permitió al espectador común identificarse con su problemática.

14) Un Gángster para un Milagro (Pocketful of Miracles, 1961)

Frank Capra tenía la capacidad de hacernos creer que se podía tener esperanza en la gente, que el mundo era un poquito mejor. Siempre ha sido necesaria una buena cuota de optimismo, por más que la realidad matara la ilusión. Con esta, su última película, el mágico technicolor nos permite apreciar los hermosos ojos azules de Bette Davis que aquí disfruta a carcajada pelada (con esa risa impagable) y llora, conmoviéndonos siempre. Durante más de dos horas, tenemos carta libre para soñar.

15) ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962)

“No hay peor odio que el de la propia sangre”, decía Camilo José Cela en una de sus novelas. Robert Aldrich suscribiría esa frase. Una relación de hermanas descompuesta por el favoritismo de los padres y la envidia. Una reflexión sobre la fama y su efímera chispa. Decadencia, locura y muerte. Eso y más es esta cinta en la que Bette Davis como Baby Jane Hudson, libró una batalla interpretativa con otra grande, Joan Crawford, consiguiendo su undécima nominación al Oscar.

16) Canción de Cuna para un Cadáver (Hush... Hush, Sweet Charlotte, 1964)

Luego de “¿Qué fue de Baby Jane?”, Aldrich dirige este filme en el que una canción es el arma que desata la insania de una Bette Davis con una culpa difícil de cargar. Se perciben en la pantalla, pinceladas del maestro Henri-Georges Clouzot y su thriller “Las Diabólicas”, sin ser esto ningún demérito porque Aldrich maneja perfectamente la puesta en escena y los toques macabros, además de dirigir perfectamente a sus actores. Se agradecen las altas dosis de grand guignol.

17) Las Ballenas de Agosto (The Whales of August, 1987)

Lindsay Anderson reflexiona sobre la vida, visitando un pasado de risas pintadas en sepia, de ballenas que emigran en Agosto, de realeza ya inexistente. El ritmo contemplativo y pausado de esta película acompaña el andar de unos protagonistas que admiten serena y sabiamente el curso de los días. Bette Davis junto a Lillian Gish y Vincent Price saben que en el crepúsculo no permanecen los cabellos dorados, ni la lozanía; aunque la costa y el mar azul parezcan los mismos.

3 de abril de 2008

Ya salió la última edición de godard!

Como cada trimestre, la revista godard! ya está a la venta presentando un contenido amplio e interesante que vale la pena leer. Encontrarán en este número 15, un dossier sobre los 80 Años del Oscar; especiales acerca del Western y el personaje Jesse James, a propósito del estreno de la última película protagonizada por Brad Pitt y el sorprendente Casey Affleck; artículos sobre el cine de los hermanos Coen y Paul Thomas Anderson; una revisión a la filmografía del holandés Paul Verhoeven; un homenaje a Bette Davis por su centenario; un ensayo sobre el paso del legendario D.W. Griffith por la Biograph, una mirada al realizador Nuri Bilge Ceylan ; cine peruano; cine chileno; entrevista a Víctor Mejía a razón de la publicación de su libro “Ilusiones a Oscuras”, críticas a los últimos estrenos de cartelera; etc.

Como ven es una edición imperdible. Pueden adquirirla en las principales librerías, kioscos y supermercados.

1 de abril de 2008

"El hombre de las mil caras" cumple 125 años

El 01 de abril de 1883 en Colorado Springs, E.E.U.U, nacía Leonidas Frank Chaney, quien años después se convertiría en la estrella indiscutible de esas primeras décadas de auge del cine de terror en el que las palabras sobraban. Antes que Bela Lugosi y Boris Karloff, Lon Chaney era el nombre que atraía a miles de espectadores hambrientos de emociones intensas.

Lo llamaban “El hombre de las mil caras” por su capacidad de transformarse, creando su propio maquillaje y adaptando su cuerpo al personaje. Así fue Quasimodo en “El Jorobado de Notre Dame” (The Hunchback of Notre Dame, 1923), Erik, en El Fantasma de la Ópera” (The Phantom of the Opera, 1925), Alonzo “sin brazos” en “Garras Humanas” (The Unknown, 1927), entre muchas otras caracterizaciones que exigían ser un camaleón constante y por añadidura con habilidades extraordinarias, capaz de filmar enfundado en un arnés que ocultaba sus brazos o utilizando sus pies como manos para beber, fumar, etc.

El Jorobado de Notre Dame, 1923

Su gran aliado fue ese otro genio del terror y de lo bizarro, Tod Browning, con quien compartía un pasado de teatros populares y el amor hacia lo que despectivamente se denomina “distinto”. Realizaron juntos numerosas películas, entre ellas la ya mencionada “Garras humanas”, “El Trío Fantástico” (The Unholy Tree, 1925) y la mítica “Casa del horror” (London After Midnight, 1927), cinta que todos los amantes del género soñamos ver y con la que de cuando en vez nos juegan bromas sobre la existencia de una copia. Nada de nada. Solo nos queda conformarnos con los fotogramas y seguir soñando.

El Fantasma de la Ópera, 1925

Un cáncer a la garganta truncó la posibilidad de interpretar al Conde Drácula en la adaptación que hiciera Browning de la obra de Bram Stoker, en la que hubiera sido su segunda película sonora tras filmar el remake de “El Trío Fantástico” dirigido por Jack Conway. Ya sabemos a quien Browning dio el papel, y aunque el resultado sea estupendo, no podemos evitar pensar en cómo hubiera sido interpretado ese monstruo seductor en la piel de Chaney.

El gran Lon Chaney, con más de cien películas a cuestas, falleció a los 47 años víctima de la enfermedad que padecía el 26 de agosto de 1930, llevándose consigo una época irrepetible. Desde aquí te celebramos, maestro!

14 de febrero de 2008

Love is a battlefield: 05 batallas exquisitas

Es 14 de febrero y bueno, a propósito de la fecha, comentaré 05 películas en las que el amor es parte o centro de la trama y que son algunas de las que vivo completamente enamorada, aunque no puedo guardarles fidelidad absoluta.

Seguro echarán de menos muchos títulos, pero no acabaría nunca si escribiera sobre todos. No obstante, cualquiera de las cintas mencionadas es totalmente recomendable para escapar del tan consumista 14 y olvidarnos de los globos, peluches inmensos y tarjetas con dibujos de animales ojones al borde del llanto. Eso si, se advierte que no todas tienen un final feliz, y es que como diría Pat Benatar: love is a battlefield. También se advierte que aquí no encontrarán “Casablanca”.

1) L´Atalante (1934) de Jean Vigo

La belleza se concentra, se comprime convirtiéndose en maravilla en los 82 minutos que dura esta obra maestra de Vigo. Juliette (Dita Parlo) y Jean (Jean Dasté), una pareja de recién casados parten en un viaje mágico a través del río en el que se descubrirán ante el otro en su cotidianeidad, mostrando sus deseos y frustraciones, y en el que el erotismo se hace presente con la fina sensibilidad que sólo le podía imprimir el autor francés, entregándonos imágenes inyectadas de lirismo y magia. Las escenas inolvidables son incontables en este su único largometraje y que se estrenara póstumamente tras su fallecimiento a los 29 años. Edad tan corta para alguien de espíritu y corazón enormes.

Ver L´Atalante es celebrar a Jean Vigo y hacerlo es, en definitiva, celebrar todo lo bueno que el cine puede dejar en nosotros.

Encontrarán una reseña más amplia en un post anterior:

http://elglamourdemargo.blogspot.com/2007/08/el-ensueo-de-un-viaje-latalante-1934.html

2) Sunrise (1927) de F. W. Murnau

La vida en pareja es un terreno difícil. El día a día puede llevar al tedio, haciendo que las razones por las cuales alguien se siente enamorado se diluyan entre el trabajo, los hijos y bueno, la falta de sorpresas. Es duro acostumbrarse y fácil confundirse. Por eso, cuando llega una mujer citadina (Margaret Livingston) al pueblo en el que viven un granjero pobre (George Stevens) y su esposa (Janet Gaynor), la atracción que ejerce la forastera sobre él es inmediata, lo que lo lleva a mantener una relación; sin embargo, como ella tiene que marcharse, ésta lo incita a matar a su esposa para iniciar una nueva vida en la ciudad.

El redescubrimiento del amor y la redención son retratados con perfección por Murnau, en este filme que marca su incursión en la industria hollywoodense y que ganó uno de los primeros premios Oscar a mejor película. A través de paisajes nebulosos y oscuros, el director nos muestra el estado de confusión y temor del protagonista para luego situarnos en escenarios que son solo luz y brillantez cuando ya el panorama se torna apacible para el hombre y su esposa, y en el que todos (hasta el tiempo) se detienen a celebrar el amor. La cámara al servicio de las emociones: indiscutiblemente genial.

3) Manon (1949) de Henri-Georges Clouzot

Dejando de lado por un momento la esperanza, vamos con “Manon” del gran Clouzot, director oscuro y escéptico respecto a los sentimientos humanos, además de ser un maestro del suspenso y que - como no podía ser de otra manera - filmó esta cinta amarga y desgarradora de un amor enfermizo o fou, con un claro tinte noir.


Manon (Cécile Aubry) y Robert (Michel Auclair) se conocieron en una provincia francesa cuando un grupo del ejército, del que él era miembro, la salva de un linchamiento seguro acusada de servir a los nazis. El flechazo es casi automático a pesar que Robert trató de contenerse ante la belleza adolescente y un tanto maligna de ella. Luego de jurarse amor para siempre en un templo en ruinas y teniendo como testigos a figuras despedazadas de santos y ángeles, huyen dirigiéndose a la ciudad donde empezarán un tormentoso y sórdido recorrido en el que solo puede aguardarlos la fatalidad; la misma que, por más que suene contradictorio, quizás signifique la felicidad de al menos uno de ellos que podrá disponer totalmente del otro, algo que nunca pudo alcanzar mientras se mantuvo con vida.

4) The Ghost & Mrs. Muir (1947) de Joseph L. Mankiewicz

Gene Tierney, una de mis actrices favoritas, encarna en la Inglaterra de inicios del siglo XX, a Lucy, una joven viuda que decide abandonar la casa de su insoportable suegra e ir a vivir con su pequeña hija. En la búsqueda de hogar, encuentra una casa que le llama poderosamente la atención: ubicada cerca al mar, amoblada, en buen estado y con una renta bajísima. Sin embargo, el encargado de la inmobiliaria le dice que es el lugar que menos le conviene. Lucy, mujer decidida y obstinada, cree que lo mejor es ir hacia allá y ver por ella misma cuál es el problema, llevándose una sorpresa cuando descubre que la habita el fantasma del capitán Daniel Gregg (Rex Harrison), el antiguo propietario.


Joseph L. Mankiewicz era un grande. Por eso no concuerdo con algunos que lo tildan despectivamente de “teatral”. El guión es importante (presiento que Robles Godoy me odiaría por decir esto) y en la obra de Mankiewicz los diálogos son brillantes, elaborados, exquisitos de escuchar y espléndidos de ver ejecutados por los actores acertados en su papel. Con él trabajaron Bette Davis, Ava Gardner, George Sanders, Celeste Holm, Humphrey Bogart, Lawrence Olivier, Michael Cain, Elizabeth Taylor, entre muchos otros.
The Ghost & Mrs. Muir, es una de sus primeras películas como director, pues antes se había dedicado a producir y escribir guiones. Concebida como una historia de romance con algunas claves de comedia, en manos de otro quizás no hubiera tenido la magia que aportó Mankiewicz al filmar esta sencilla historia, en la que las reflexiones sobre el amor y la eternidad son acompañadas por imágenes que serán difíciles de olvidar. Como difícil será no recordar a la pareja interpretada por Tierney y Harrison que trabajan personajes aparentemente con muy poco en común, pero que se descubren como dos rebeldes ante la sociedad y el tiempo. Es sólo cuestión que llegue la dulce muerte. Sí, dulce y tan esperada.

5) Notorious (1946) de Alfred Hitchcock

Hitchcock recurre a uno de sus usuales Mc Guffin para contarnos un drama romántico. El pretexto en este caso son unas muestras de uranio escondidas en botellas de vino, metal que serviría a los nazis para construir una bomba atómica. En ese contexto, Alicia (Ingrid Bergman) hija de un espía recientemente capturado, es reclutada por Devlin (Cary Grant) un agente del FBI, con la misión de vigilar a una facción nazi en Brasil. Para lograrlo, Alicia debe ingresar al círculo de Alex Sebastian (Claude Rains), amigo de su padre y antiguo pretendiente.

El fingirse enamorado cuando en verdad se ama a otro crea un gran conflicto y más aún si el amado que dice sentir lo mismo, no hace algo para revertir la situación anteponiendo su sentido del deber al drama que se vive. Así, encontramos a una Bergman sacrificada y agobiada por la culpa que le provoca el delito cometido por su padre y a un Grant aparentemente imperturbable cumpliendo su misión patriótica. Y Hitchcock se deleita con el panorama, con el peligro que rodea a ese amor furtivo, con la tensión de los amantes, liberada pocas veces y alcanzando su punto cumbre en ese beso tan pasional como extenso, recordado como el más largo de la historia del cine. Un Hitch permitiéndose sentir abiertamente y ante eso nadie puede permanecer indiferente.

23 de enero de 2008

La catarsis de Jules Dassin: RIFIFI (1955)

En los cincuentas, en plena guerra fría, la paranoia estadounidense frente a la Unión Soviética y el régimen comunista hizo que se mirara con sospecha a cualquiera que en el gesto más mínimo pareciera comulgar con tales ideas, surgiendo así la caza de brujas conocida como “Macartismo”, campaña de delaciones y denuncias sin sustento impulsada por el senador Joseph McCarthy con la que se buscaba “acabar” (así entre comillas) con cualquier asomo socialista y con posibles colaboradores o espías rusos.

Con el Macartismo, el cine norteamericano vivió una de sus épocas más oscuras. Muchos artistas de la industria abandonaron Hollywood voluntariamente o bajo amenaza y buscaron refugio en Europa tratando de respirar un aire de libertad de pensamiento y creación.

Entre los muchos que inmigraron, se hallaba el director Jules Dassin, quien al ser incluido en la lista negra de McCarthy, tuvo que abandonar suelo norteamericano. En ese contexto de exilio, realiza en Francia en 1955 “Du rififi chez les hommes”, más conocida como “Rififi”, una obra maestra del cine negro por donde se mire.

Tony Le Stephanois (Jean Servais) acaba de salir de la cárcel y la ansiada libertad no es lo maravilloso que alguien pueda imaginarse: no tiene trabajo, ni dinero y su amada Mado (Marie Sabouret) está en brazos del mafioso Pierre Groterre (Marcel Lupovici) que le provee lo que él algún día le dio, pero que ahora está fuera de sus posibilidades. Jo (Carl Möhner) un amigo al que no delató cuando cayó en manos de la policía, es quien lo acoge y el que además le propone realizar el “atraco perfecto” junto a un par de compinches más, Mario Ferrati (Robert Manuel) y César (el mismo Jules Dassin). El blanco es una joyería y la experiencia les dice que no será difícil, que esta vez todo resultará sin complicaciones, que por fin con el botín lograrán retirarse de la vida criminal. La experiencia lo dice, sin embargo ¿es tan fácil salir del infierno?

En el cine negro o noir predominan - como bien señala su nombre - los ambientes lúgubres (herencia del expresionismo), los móviles sórdidos que impulsan a los personajes y el destino cruel del que contadas veces se podrá escapar, lo que se conoce como “pesadilla fatalista”. El azar guiado por la fatalidad, no puede existir un escenario más terrible. En ese terreno, cual arena movediza, los personajes vagan primero con calma y con desesperación después al notar que el hundimiento es inexorable, que de nada sirve lo que se haga pues la muerte está allí esperando. Todo es inútil.

El único que parece presentir esto es Tony Le Stephanois quien refleja en su rostro adusto y en cada movimiento una mezcla de extrañeza y tristeza. Sentimientos que de seguro también debía sentir el director en su condición de exiliado. Tony es Dassin y su rabia contenida solamente puede ser liberada cuando tiene por fin el encuentro con Mado y puede castigarla por el dolor que le causa. Cuando por fin los demonios de Dassin se calman un poco.

Un halo de pesadumbre cubre “Rififi”, y tenemos la sensación de ver a Tony y a sus compañeros como a través de un vidrio roto, como si asistiéramos a sus últimos días. Incluso la vivacidad del número de music-hall en el que canta la exuberante Viviane (Magali Noel), y que pareciera un respiro refrescante en la cinta, es por contradicción el punto de partida de la tragedia, y que además curiosamente tendrá como responsable al personaje que interpreta Jules Dassin. No cesaba el exorcismo.

La secuencia del robo es magistral. Vemos a Le Stephanois y sus colegas cumplir con cada paso de lo planeado tan cuidadosamente, sin perder ningún detalle. El director hábilmente omitió los diálogos y música durante los casi 20 minutos que dura esta secuencia, logrando que nos concentremos en sus gestos, en su angustia, aumentando así el suspenso.

El epílogo está filmado de forma vertiginosa, mostrándonos el deterioro del protagonista en la alocada carrera, desarrollando la catarsis de la que también somos parte y en la que solo la inocencia puede estar a salvo.

7 de enero de 2008

El Extraño Viaje y Pulp Fiction: ¿Referencia o Coincidencia?

Hace pocos días, luego de una larga búsqueda, pude ver por fin “El Extraño Viaje” (1964) de Fernando Fernán Gómez (que espero comentar próximamente en este blog), y en los primeros minutos me di con una sorpresa que ahora comparto con ustedes.

Se dice que la referencia que utilizó Quentin Tarantino en "Pulp Fiction" para la famosa secuencia del baile entre Mia Wallace (Uma Thurman) y Vincent Vega (John Travolta), fue otro gran momento en la historia del cine en la que bailan Odile (Anna Karina), Arthur (Claude Brasseur) y Franz (Sami Frey), protagonistas de “Bande á part” (Banda Aparte), filme realizado el mismo año que el de Fernán Gómez. Este homenaje no extrañaría a nadie, pues Tarantino es gran admirador de la obra de Jean-Luc Godard, incluso su productora tiene el nombre de la película que acabo de mencionar.

No obstante, al ver la espléndida “El Extraño Viaje” esto no me queda muy claro. Tarantino es un gran cinéfilo y no sería nada raro que haya visto la cinta española. Por supuesto, estamos en el terreno de la especulación. Qué dicen ustedes: ¿referencia o simple coincidencia? Ojo, que no estoy diciendo que sean exactamente iguales. Los dejo con las imágenes para que juzguen.

PULP FICTION:


EL EXTRAÑO VIAJE: