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14 de febrero de 2008

Love is a battlefield: 05 batallas exquisitas

Es 14 de febrero y bueno, a propósito de la fecha, comentaré 05 películas en las que el amor es parte o centro de la trama y que son algunas de las que vivo completamente enamorada, aunque no puedo guardarles fidelidad absoluta.

Seguro echarán de menos muchos títulos, pero no acabaría nunca si escribiera sobre todos. No obstante, cualquiera de las cintas mencionadas es totalmente recomendable para escapar del tan consumista 14 y olvidarnos de los globos, peluches inmensos y tarjetas con dibujos de animales ojones al borde del llanto. Eso si, se advierte que no todas tienen un final feliz, y es que como diría Pat Benatar: love is a battlefield. También se advierte que aquí no encontrarán “Casablanca”.

1) L´Atalante (1934) de Jean Vigo

La belleza se concentra, se comprime convirtiéndose en maravilla en los 82 minutos que dura esta obra maestra de Vigo. Juliette (Dita Parlo) y Jean (Jean Dasté), una pareja de recién casados parten en un viaje mágico a través del río en el que se descubrirán ante el otro en su cotidianeidad, mostrando sus deseos y frustraciones, y en el que el erotismo se hace presente con la fina sensibilidad que sólo le podía imprimir el autor francés, entregándonos imágenes inyectadas de lirismo y magia. Las escenas inolvidables son incontables en este su único largometraje y que se estrenara póstumamente tras su fallecimiento a los 29 años. Edad tan corta para alguien de espíritu y corazón enormes.

Ver L´Atalante es celebrar a Jean Vigo y hacerlo es, en definitiva, celebrar todo lo bueno que el cine puede dejar en nosotros.

Encontrarán una reseña más amplia en un post anterior:

http://elglamourdemargo.blogspot.com/2007/08/el-ensueo-de-un-viaje-latalante-1934.html

2) Sunrise (1927) de F. W. Murnau

La vida en pareja es un terreno difícil. El día a día puede llevar al tedio, haciendo que las razones por las cuales alguien se siente enamorado se diluyan entre el trabajo, los hijos y bueno, la falta de sorpresas. Es duro acostumbrarse y fácil confundirse. Por eso, cuando llega una mujer citadina (Margaret Livingston) al pueblo en el que viven un granjero pobre (George Stevens) y su esposa (Janet Gaynor), la atracción que ejerce la forastera sobre él es inmediata, lo que lo lleva a mantener una relación; sin embargo, como ella tiene que marcharse, ésta lo incita a matar a su esposa para iniciar una nueva vida en la ciudad.

El redescubrimiento del amor y la redención son retratados con perfección por Murnau, en este filme que marca su incursión en la industria hollywoodense y que ganó uno de los primeros premios Oscar a mejor película. A través de paisajes nebulosos y oscuros, el director nos muestra el estado de confusión y temor del protagonista para luego situarnos en escenarios que son solo luz y brillantez cuando ya el panorama se torna apacible para el hombre y su esposa, y en el que todos (hasta el tiempo) se detienen a celebrar el amor. La cámara al servicio de las emociones: indiscutiblemente genial.

3) Manon (1949) de Henri-Georges Clouzot

Dejando de lado por un momento la esperanza, vamos con “Manon” del gran Clouzot, director oscuro y escéptico respecto a los sentimientos humanos, además de ser un maestro del suspenso y que - como no podía ser de otra manera - filmó esta cinta amarga y desgarradora de un amor enfermizo o fou, con un claro tinte noir.


Manon (Cécile Aubry) y Robert (Michel Auclair) se conocieron en una provincia francesa cuando un grupo del ejército, del que él era miembro, la salva de un linchamiento seguro acusada de servir a los nazis. El flechazo es casi automático a pesar que Robert trató de contenerse ante la belleza adolescente y un tanto maligna de ella. Luego de jurarse amor para siempre en un templo en ruinas y teniendo como testigos a figuras despedazadas de santos y ángeles, huyen dirigiéndose a la ciudad donde empezarán un tormentoso y sórdido recorrido en el que solo puede aguardarlos la fatalidad; la misma que, por más que suene contradictorio, quizás signifique la felicidad de al menos uno de ellos que podrá disponer totalmente del otro, algo que nunca pudo alcanzar mientras se mantuvo con vida.

4) The Ghost & Mrs. Muir (1947) de Joseph L. Mankiewicz

Gene Tierney, una de mis actrices favoritas, encarna en la Inglaterra de inicios del siglo XX, a Lucy, una joven viuda que decide abandonar la casa de su insoportable suegra e ir a vivir con su pequeña hija. En la búsqueda de hogar, encuentra una casa que le llama poderosamente la atención: ubicada cerca al mar, amoblada, en buen estado y con una renta bajísima. Sin embargo, el encargado de la inmobiliaria le dice que es el lugar que menos le conviene. Lucy, mujer decidida y obstinada, cree que lo mejor es ir hacia allá y ver por ella misma cuál es el problema, llevándose una sorpresa cuando descubre que la habita el fantasma del capitán Daniel Gregg (Rex Harrison), el antiguo propietario.


Joseph L. Mankiewicz era un grande. Por eso no concuerdo con algunos que lo tildan despectivamente de “teatral”. El guión es importante (presiento que Robles Godoy me odiaría por decir esto) y en la obra de Mankiewicz los diálogos son brillantes, elaborados, exquisitos de escuchar y espléndidos de ver ejecutados por los actores acertados en su papel. Con él trabajaron Bette Davis, Ava Gardner, George Sanders, Celeste Holm, Humphrey Bogart, Lawrence Olivier, Michael Cain, Elizabeth Taylor, entre muchos otros.
The Ghost & Mrs. Muir, es una de sus primeras películas como director, pues antes se había dedicado a producir y escribir guiones. Concebida como una historia de romance con algunas claves de comedia, en manos de otro quizás no hubiera tenido la magia que aportó Mankiewicz al filmar esta sencilla historia, en la que las reflexiones sobre el amor y la eternidad son acompañadas por imágenes que serán difíciles de olvidar. Como difícil será no recordar a la pareja interpretada por Tierney y Harrison que trabajan personajes aparentemente con muy poco en común, pero que se descubren como dos rebeldes ante la sociedad y el tiempo. Es sólo cuestión que llegue la dulce muerte. Sí, dulce y tan esperada.

5) Notorious (1946) de Alfred Hitchcock

Hitchcock recurre a uno de sus usuales Mc Guffin para contarnos un drama romántico. El pretexto en este caso son unas muestras de uranio escondidas en botellas de vino, metal que serviría a los nazis para construir una bomba atómica. En ese contexto, Alicia (Ingrid Bergman) hija de un espía recientemente capturado, es reclutada por Devlin (Cary Grant) un agente del FBI, con la misión de vigilar a una facción nazi en Brasil. Para lograrlo, Alicia debe ingresar al círculo de Alex Sebastian (Claude Rains), amigo de su padre y antiguo pretendiente.

El fingirse enamorado cuando en verdad se ama a otro crea un gran conflicto y más aún si el amado que dice sentir lo mismo, no hace algo para revertir la situación anteponiendo su sentido del deber al drama que se vive. Así, encontramos a una Bergman sacrificada y agobiada por la culpa que le provoca el delito cometido por su padre y a un Grant aparentemente imperturbable cumpliendo su misión patriótica. Y Hitchcock se deleita con el panorama, con el peligro que rodea a ese amor furtivo, con la tensión de los amantes, liberada pocas veces y alcanzando su punto cumbre en ese beso tan pasional como extenso, recordado como el más largo de la historia del cine. Un Hitch permitiéndose sentir abiertamente y ante eso nadie puede permanecer indiferente.

29 de agosto de 2007

El ensueño de un viaje - L´Atalante (1934)

Juliette (Dita Parlo) y Jean (Jean Dasté) acaban de casarse. Él, patrón del barco L´Atalante, debe partir inmediatamente después de la boda, por lo que Juliette también emprende el viaje. Los acompañan El abuelo Jules (Michel Simon), un viejo marinero y un jovencito (Louis Lefebvre), empleados del barco. Jean con todo lo recorrido no se deslumbra con las ciudades, en cambio Juliette que nunca salió de su pueblito en provincia, anhela conocerlas y no sólo apreciarlas desde la embarcación. Esta inquietud de Juliette es avivada por un vendedor y músico ambulante (Gilles Margaritis) que hace que la muchacha deje el barco para dar un paseo nocturno por las calles de París, hecho que despierta los celos del ofendido Jean, quien toma la decisión apresurada de no esperar a Juliette y seguir con su recorrido.


Con el nombre de la heroína de la mitología griega que desafiaba en carreras imposibles a los hombres que la pretendían, L´Atalante se puede resumir en una sola palabra: belleza. Jean Vigo nos entregó la historia de dos personas que se aman y punto. Claro que con lo que esto significa. Todo el proceso de adaptación que involucra la vida en pareja, los primeros desencuentros, los románticos cuchicheos y sonrisas.

Esta trama tan simple se nos presenta con imágenes de una sensibilidad muy delicada, plagadas de lirismo en sus situaciones cotidianas. Los tintes surrealistas son evidentes en el film, pues Vigo se vio influenciado por los primeros trabajos de Buñuel (Un chien andalou, 1929 y L´Age D´Or, 1930), así como por los vanguardistas, considerándosele como uno de los precursores del “realismo poético francés”, movimiento que también tuvo entre sus exponentes a Jean Renoir y René Clair.


Así emprendemos un viaje entre lo realista y lo onírico, entre la crítica social y el romance. Las bellas estampas costumbristas encuentran contraste con las imágenes de obreros que hacen largas filas para optar por un trabajo que escasea, retratando el clima de un París post guerra que aún no se recuperaba.

L´Atalante además está cargada de un erotismo fascinante. Las imágenes de los recién casados mimándose y diciéndose al oído cosas que no escuchamos, pero que por sus rostros podemos intuir que son de lo más íntimas, son deliciosas, destacándose la escena en la que Jean y Juliette, separados ya, sueñan el uno con el otro denotando toda la pasión que se tienen.

Se ha señalado ya que el film cuenta una historia bastante sencilla, por lo que el final no es ninguna sorpresa, sin que esto signifique que disminuya su valor, pues el mérito radica en la forma en que Vigo nos la ha contado, fascinándonos con este viaje ensoñador en el que también son parte muchos gatos, que colaboran a construir las bellas escenas que apreciamos.

Retomando el final que se mencionó. Será el excéntrico abuelo Jules el que se encargue de buscar y hallar a Juliette, a fin de sacar a su jefe del estado depresivo en que se encuentra. Jean por su parte, ya ha comprobado sumergiéndose en el río (tal como le dijera su amada al inicio del film), lo que ya sabe: Juliette es el amor de su vida. Ha logrado verla danzando con su vestido de novia, cuyos velos se confunden con las algas. Por eso la espera animado y ansioso, aunque por orgullo trata de contenerse cuando por fin la tiene delante, no obstante, basta que se acerque un poco para que ambos no puedan evitar ese abrazo sincero que han esperado tanto.

La filmografía de Jean Vigo no es extensa, apenas dos cortos de estilo documental (À propos de Nice, 1930 y Taris, 1931), un mediometraje (Zéro de conduit, 1933) y el que fue su único largometraje L´Atalante de 1934. Y es que la muerte lo alcanzó demasiado pronto. Falleció a los 29 años, víctima de tuberculosis. El dulce rebelde partió sin poder montar su último trabajo y sólo dejando algunas indicaciones, estrenándose una versión muy distinta a la que planeó. En un intento por recuperar el concepto original, se reestrenó en 1940. Sin embargo, no fue hasta después de varias décadas (1990) que se encontró en Inglaterra lo que al parecer es la copia más antigua y cercana a las ideas e indicaciones del realizador, que es la misma que ahora se exhibe y se encuentra además en dvd.

Jean Vigo, vivió poco, sí, pero sólo le bastaron algunos años para mostrar el gran director y poeta de la imagen que era. A nosotros sólo nos queda decir gracias con una venia.