16 de octubre de 2007

Las risas en las comedias de Billy Wilder

Billy Wilder es uno de los directores que más admiro. Director de drama, suspenso, cine negro y comedias, fue uno de los más prolíficos, hecho que no significó que su obra careciera de calidad, sino todo lo contrario. Satisfacer al público masivo era lo suyo y trataba de elevarle el nivel, sin subestimarlo. Algo que quizás deberían aprender muchos cineastas de la actualidad.

¿Quién no recuerda Una Eva y Dos Adanes (Some Like It Hot, 1959), llamada también Con faldas y a lo loco? Una de las mejores comedias de la historia del cine, con un final desternillante y perfecto. Hacer reír no es fácil y Wilder sabía cómo utilizar las bromas dentro de la comedia como casi nadie. Cronometraba las risas, como revela en este extracto de una conversación con Cameron Crowe (“Jerry Maguire”, “Almost Famous”), que comparto con ustedes:

CAMERON CROWE: En una ocasión, leí una entrevista con Truffaut que me resultó muy útil. Decía que, cuando se rueda e interpreta un guión, la película siempre acaba siendo más seria. Así que, si uno pone en el guión más elementos de comedia de los que pretendía, al final tendrá la mezcla justa de drama y comedia.

BILLY WILDER: (Muestra su acuerdo) Porque hay cosas de las que no se van a reír.

C.C: ¿Lo ha experimentado usted?

B.W: Sí, bueno… Yo hago un chiste si forma parte intrínseca de la historia, de la película. Pero no si tengo que encajarlo de forma artificial, con calzador. No me gusta. Nunca espero demasiado del público, ni tampoco demasiado poco. Tengo una idea muy razonable de la gente con la que tratamos y sé que no estamos haciendo una película para la facultad de Derecho de Harvard, sino para gente de clase media, la gente que se ve en el metro o en un restaurante. Gente normal. Y confío en que les guste. Si tengo una buena escena, una buena situación con los personajes, podemos jugar con ello e investigar. Eso es lo divertido. Porque se pueden hacer muchas versiones. Se encuentra el tema de la situación, se encuentra la gracia, se encuentra el momento culminante, y se termina la escena en ese momento. No dejo que babee.

Por ejemplo, una de las grandes risas de Con faldas y a lo loco. Había una escena de tres o cuatro minutos. Eso es una escena muy larga. Es cuando Curtis sube por la parte posterior del hotel, entra en la habitación, y se encuentra a Jack Lemmon con las maracas. Todavía está cantando la canción [de su velada con Joe E. Brown], y las maracas son muy importantes. Eran muy importantes porque me permitían cronometrar los chistes. En otras palabras, yo digo una cosa, tú dices otra, ahora necesito algo de acción que me permita destacar la gracia. Por ejemplo, llega Tony Curtis. Dice: “Bueno, ¿alguna novedad?”. (Imita a Lemmon) “Te sorprenderá oír la noticia, estoy prometido”. Papam-papam (agita unas maracas imaginarias). Al montarla, podía saber cuánto iban a durar las risas…, entonces colocaba otra frase seria, luego otra broma. Pero cronometré todo de forma que no se perdiera ninguna de las frases serias. Porque, a veces, uno tiene una frase seria y resulta que es la que provoca las risas. Entonces, estás muerto, porque el público no va a oír la réplica. Se han reído de la frase seria. Y luego pasan ya al principio de la siguiente broma, sin haberse preparado. Se ha roto el ritmo. Hay que tener muchísimo cuidado.


Ese era el gran secreto de los hermanos Marx: lo habían ensayado antes en el teatro. Allí uno podía medirlo. “Vamos a esperar que se apaguen las risas”. Uno hace cualquier cosa, enciende un cigarrillo…, lo que sea, mientras espera a que se calmen las carcajadas, y luego introduce la siguiente broma. ¿Cómo se hace en el cine? Lo que se le ocurrió a [Irving] Thalberg – que era un hombre muy inventivo – fue usar tres escenas, por ejemplo de A Day at the Races [Un día en las carreras] (1937) o A Night at the Opera [Una noche en la ópera] (1935). Cogía los tres números, se los daba a los chicos, y les enviaba a hacer una gira con un espectáculo de vodevil. Thalberg sabía que lo difícil de los hermanos Marx era que empezaban con un chiste. Un chiste, luego hay una gran carcajada, y luego una frase seria. Pero ¿qué vamos a hacer si no se ríen? ¿O si las carcajadas duran el doble de lo que se había previsto? Entonces taparán la frase siguiente, con lo que arruinarán la siguiente broma. Así que envió a los Marx de gira por todo Estados Unidos. Y puso a prueba la intensidad de las carcajadas. ¿La broma era de diez, de tres o qué? Las probaban en unos veinte teatros. Y entonces, sabían con qué contaban. Yo les robé ese método de cronometrar las carcajadas. Ellos las medían con un reloj.

C.C: Qué ingenioso.

B.W: De esa forma, no se perdía nada. En el cine mudo, por supuesto, era estupendo. Era una cosa maravillosa; Chaplin y Buster Keaton, cuantas más risas obtenían, mejor, porque ni siquiera tenían sobretítulos. Fantástico. Pero en el cine hay que encontrar una especie de justo medio. De cien bromas, siempre se pierden treinta.


Tomado de: "Conversaciones con Billy Wilder" de Cameron Crowe, Ed. Alianza Editorial.

9 de octubre de 2007

"We Accept Her, One Of Us" – Freaks (1932)

Hans (Harry Earles) y Frieda (Daysi Earles), los enanos del circo de Madame Tetrallini (Rose Dione) están comprometidos. Sin embargo, ha llegado al circo la trapecista Cleopatra (Olga Baclanova), quien deslumbra a Hans con su belleza y aparente amabilidad, amabilidad burlesca que después se transformará en el interés más desmedido cuando se entere que Hans es un rico heredero y luego logre persuadirlo para casarse. Lo que Cleopatra ignora es que existe un extraño código moral entre los deformes parte de la troupe del circo. Aunque claro, ellos se encargarán de que no tarde en enterarse.


Hace bastantes años el canal del Estado, canal 7 (hoy TNP), transmitía entre su pobre programación de entonces, algunos programas que valía la pena ver. Uno de ellos era Días de Cine de TVE. Por esos años (más o menos 1992), no existía el cable y Días de Cine aunque transmitido con bastante retraso (y muchas repeticiones, valgan verdades) se convertía en un espacio en el que se podía saber de aquellas películas representativas en la historia del cine o de estrenos europeos que no llegaban nunca por aquí.

Fue en una de las emisiones de este programa español que supe de la existencia de “Freaks”. Si mal no recuerdo, fue en un especial sobre lo grotesco en el cine, en que vi la famosa escena del banquete de bodas y me inquietó por completo. Ver a diversos seres deformes alrededor de una larga mesa cantando “Gooble, gobble, we accept her, we accept her, one of us, one of us…”, mientras se iban pasando una inmensa copa, fue demasiado y debo confesar, en ese momento me pareció terrorífico. En ese entonces, yo tenía 11 años y no mostraba una clara afición por el cine. Las pocas cosas que había visto además de ser una adicta a Pesadilla en Elm Street, Chucky y El Regreso de los Muertos Vivientes en Función Estelar de Canal 2, no eran gran cosa, Rain Man y Tootsie (¿?) se contaban entre mis favoritas y sí veía los programas de cine era no sólo porque me gustaran, sino porque seguía a mi hermana Yeniva – universitaria y asidua a la filmoteca – en todo lo que hiciera, literalmente.

Podrán entender entonces, el hecho que esa imagen haya quedado grabada en mi cabeza como lo más espeluznante que había visto. A medida que iba creciendo, si bien de cuando en cuando veía algo interesante, no me consideraba una cinéfila. Estaba más interesada en el teatro que en cualquier otra cosa, porque según yo, quería ser actriz, así que aún recordando la escena de Freaks, tampoco moría por verla.

No fue hasta hace algunos años que, gracias a la piratería ya me había convertido en algo parecido a una cinéfila (pues aún no sentía una pasión enfermiza como ahora). Y no fue hasta hace un poco más de dos años, que en uno de mis recorridos buscando qué comprar, me topé en uno de los catálogos con la portada del dvd de Freaks. En ese momento afloraron los recuerdos y obviamente la llevé con ansias a mi casa. Desde aquel instante comenzó mi fascinación con Freaks y por todo lo que hubiera hecho su autor Tod Browning. Y claro, se abrieron las puertas de la feliz obsesión que ahora padezco por el cine.


¿Qué es lo que hace que Freaks sea tan fascinante? Pues, para empezar, es la cualidad de atraparnos desde el primer instante. Se nos sitúa en una feria de atracciones. Un animador comienza a contarnos con bastante pompa la historia de una mujer que fue de las más bellas; sin embargo los gritos y exclamaciones de horror de los asistentes al espectáculo, nos hacen presentir que ocurrió algo terrible.

Es a partir de aquí, que nos trasladaremos al circo de Madame Tetrallini y sus más que deslumbrantes personajes. Encontramos a las siamesas Daysi y Violet, Joseph/Josephine (mitad hombre, mitad mujer), La mujer barbuda, Koo – Koo (una persona con una extraña deformidad que la hace parecer un pájaro), El torso viviente (un hombre sin brazos, ni piernas), diferentes enanos y otros ausentes de algunas extremidades superiores o inferiores.

Podría pensarse que sólo se trata de una cuestión de morbo, de un espectáculo que lo alimenta al ver rarezas. Tiene eso, claro (no se puede negar la naturaleza humana), pero Browning cuenta además una historia de maldad, ambición, apariencias, de amores imposibles, de espíritu de grupo y por qué no, también de belleza.

Es que aunque parezca contradictorio, Freaks es una película que nos habla de la belleza y sus aristas. Tenemos la belleza en lo físico que no siempre se condice con los sentimientos, así como en lo no convencional y hasta en lo bizarro. Y es que es imposible no pensar en belleza, cuando tenemos ante nosotros a estos seres bailando y cantando en medio de un bosque, con la felicidad de sentirse a gusto entre ellos, sin miedo de las miradas ajenas y hostiles que tanto temen y que los ha convertido en marginales.

El espíritu de grupo radica en esa marginalidad que los ha transformado en una sola fuerza, regida por un código moral implacable con aquellos que se atrevieran a ofenderlos, quienes nunca imaginaron las consecuencias de sus actitudes hacia ellos, los aparentemente “débiles”.


No es de extrañar la reacción del público ante su estreno en 1932. Se realizaron manifestaciones y movimientos para su censura, pues la tacharon de “horripilante” al mostrar a personas con deformidades reales y que por añadidura incitara a la venganza por mano propia, remitiéndose a la Ley del Talión. Curioso esto último, pues no olvidemos que EEUU ha sido el país que durante toda su historia ha aplicado con sumo rigor la pena de muerte. Quizás sea esto lo que más incomodó a la audiencia: el reconocer sus propios sentimientos en esos seres monstruosos.

Browning que hasta ese momento había sido un director con un relevante éxito, encontró en Freaks su fracaso más estrepitoso, el público no la respaldó y perdió el apoyo de los estudios MGM, quienes retiraron el material, ocultándolo por décadas como si fuera un objeto de absoluta vergüenza, algo que merecía ser enterrado y olvidado. Luego de ello, el director siguió trabajando para la MGM, pero ya no con la regularidad de antaño hasta su retiro en 1939. Siendo en ese período, quizás el film más destacable “The Devil Doll” (Muñecos Infernales, 1936), en el que muestra nuevamente sus tópicos recurrentes: Las apariencias, la maldad y sobre todo el deseo de venganza, aunque esta vez se haya cuidado de la censura al otorgar un final esperanzador y de redención para el protagonista.



El universo de Tod Browning es extraño y fascinante. Nadie como él para retratar lo más oscuro del alma humana, en una época en la que no era nada sencillo decir unas cuantas verdades a la cara de la gente. Y para quienes creyeron que Tim Burton fue el primero en crear un mundo de seres diferentes e incomprendidos, pero no por eso exentos de calidad humana, sólo acérquense un poco a Browning y verán que Burton le debe mucho a este maestro. Además, tal vez se animen a beber de esa inmensa copa con el placer de ser aceptados como “uno de ellos".

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* Una noticia para los lectores de "El Glamour...": A partir de hoy, he comenzado a colaborar con el blog La cinefilia no es patriota, precisamente con este texto sobre Freaks. Así que también dénse una vuelta por ahí, ya que siempre podrán encontrar artículos interesantes y con buen ojo crítico. De otro lado, agradezco a Mario Castro por la invitación para publicar en su espacio, a pesar de llevar poco tiempo escribiendo sobre cine.

28 de septiembre de 2007

El "Destino" de Disney y Dalí

Sobre la base de la melodía "Destino" del compositor Armando Domínguez, Disney creó un argumento para un cortometraje que llevaría el mismo nombre, el cual sería incluido en una antología llamada "Make Mine Music". Era el año 1945 y Salvador Dalí se encontraba trabajando con Hitchcock en Spellbound (a recordar la famosa secuencia del sueño del protagonista ideada por completo por el artista español). Es cuando Disney decide convocarlo y Dalí comienza su trabajo haciendo los bocetos y dibujos durante ocho meses.

No obstante, la Segunda Guerra Mundial afectó la economía de los Estudios Disney, razón por la que el proyecto no terminó de llevarse a cabo (se rodaron sólo 20 segundos), además no se trataba de una obra que se podría considerar comercial en comparación con sus otras producciones.


Los dibujos de Dalí y otros elementos como el storyboard, se mantuvieron en los sótanos de la Disney, hasta que en el 2003, los directivos deciden concluir con dicha tarea, elaborándose un corto de una duración aproximada de 06 minutos, que incluso fue candidato para el Oscar de ese año en su categoría.

Sólo he visto unas cuántas imágenes y me parecen extraordinarias. Juzguen ustedes.




21 de septiembre de 2007

Concierto de película

El colectivo de bandas indie rock "Rock al Cubo" formado por Bonzo, Glam y Praga, ha organizado una tocada en la que rendirán homenaje a tres de sus películas preferidas: The Godfather (Bonzo), The Clockwork Orange (Glam) y The Crow (Praga).



Durante el concierto se proyectarán escenas de estos films y además cada banda tocará algún tema de los respectivos soundtracks.

La cita es este martes 25 de septiembre a las 10 pm. en La Noche de Barranco (Av. Bolognesi 307) y la entrada es libre. Será una buena ocasión para disfrutar de la buena música de estos grupos, además de ser una gratísima experiencia para los cinéfilos. Están todos invitados.
Nos vemos ahí. Los dejo con el "trailer" de la tocada:

29 de agosto de 2007

El ensueño de un viaje - L´Atalante (1934)

Juliette (Dita Parlo) y Jean (Jean Dasté) acaban de casarse. Él, patrón del barco L´Atalante, debe partir inmediatamente después de la boda, por lo que Juliette también emprende el viaje. Los acompañan El abuelo Jules (Michel Simon), un viejo marinero y un jovencito (Louis Lefebvre), empleados del barco. Jean con todo lo recorrido no se deslumbra con las ciudades, en cambio Juliette que nunca salió de su pueblito en provincia, anhela conocerlas y no sólo apreciarlas desde la embarcación. Esta inquietud de Juliette es avivada por un vendedor y músico ambulante (Gilles Margaritis) que hace que la muchacha deje el barco para dar un paseo nocturno por las calles de París, hecho que despierta los celos del ofendido Jean, quien toma la decisión apresurada de no esperar a Juliette y seguir con su recorrido.


Con el nombre de la heroína de la mitología griega que desafiaba en carreras imposibles a los hombres que la pretendían, L´Atalante se puede resumir en una sola palabra: belleza. Jean Vigo nos entregó la historia de dos personas que se aman y punto. Claro que con lo que esto significa. Todo el proceso de adaptación que involucra la vida en pareja, los primeros desencuentros, los románticos cuchicheos y sonrisas.

Esta trama tan simple se nos presenta con imágenes de una sensibilidad muy delicada, plagadas de lirismo en sus situaciones cotidianas. Los tintes surrealistas son evidentes en el film, pues Vigo se vio influenciado por los primeros trabajos de Buñuel (Un chien andalou, 1929 y L´Age D´Or, 1930), así como por los vanguardistas, considerándosele como uno de los precursores del “realismo poético francés”, movimiento que también tuvo entre sus exponentes a Jean Renoir y René Clair.


Así emprendemos un viaje entre lo realista y lo onírico, entre la crítica social y el romance. Las bellas estampas costumbristas encuentran contraste con las imágenes de obreros que hacen largas filas para optar por un trabajo que escasea, retratando el clima de un París post guerra que aún no se recuperaba.

L´Atalante además está cargada de un erotismo fascinante. Las imágenes de los recién casados mimándose y diciéndose al oído cosas que no escuchamos, pero que por sus rostros podemos intuir que son de lo más íntimas, son deliciosas, destacándose la escena en la que Jean y Juliette, separados ya, sueñan el uno con el otro denotando toda la pasión que se tienen.

Se ha señalado ya que el film cuenta una historia bastante sencilla, por lo que el final no es ninguna sorpresa, sin que esto signifique que disminuya su valor, pues el mérito radica en la forma en que Vigo nos la ha contado, fascinándonos con este viaje ensoñador en el que también son parte muchos gatos, que colaboran a construir las bellas escenas que apreciamos.

Retomando el final que se mencionó. Será el excéntrico abuelo Jules el que se encargue de buscar y hallar a Juliette, a fin de sacar a su jefe del estado depresivo en que se encuentra. Jean por su parte, ya ha comprobado sumergiéndose en el río (tal como le dijera su amada al inicio del film), lo que ya sabe: Juliette es el amor de su vida. Ha logrado verla danzando con su vestido de novia, cuyos velos se confunden con las algas. Por eso la espera animado y ansioso, aunque por orgullo trata de contenerse cuando por fin la tiene delante, no obstante, basta que se acerque un poco para que ambos no puedan evitar ese abrazo sincero que han esperado tanto.

La filmografía de Jean Vigo no es extensa, apenas dos cortos de estilo documental (À propos de Nice, 1930 y Taris, 1931), un mediometraje (Zéro de conduit, 1933) y el que fue su único largometraje L´Atalante de 1934. Y es que la muerte lo alcanzó demasiado pronto. Falleció a los 29 años, víctima de tuberculosis. El dulce rebelde partió sin poder montar su último trabajo y sólo dejando algunas indicaciones, estrenándose una versión muy distinta a la que planeó. En un intento por recuperar el concepto original, se reestrenó en 1940. Sin embargo, no fue hasta después de varias décadas (1990) que se encontró en Inglaterra lo que al parecer es la copia más antigua y cercana a las ideas e indicaciones del realizador, que es la misma que ahora se exhibe y se encuentra además en dvd.

Jean Vigo, vivió poco, sí, pero sólo le bastaron algunos años para mostrar el gran director y poeta de la imagen que era. A nosotros sólo nos queda decir gracias con una venia.

1 de agosto de 2007

R.I.P. Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni

Sé que es un poco tarde, pero quería sumarme al duelo en el que se encuentra el cine. Partieron el mismo día (30.07.07) Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, dos grandes indiscutibles. Además de recordar sus trayectorias y su aporte a este arte, el mejor homenaje que se les puede hacer es viendo sus películas. Por eso, los dejo con dos escenas, una de El Séptimo Sello de Bergman y otra de Blow - Up de Antonioni. Que las disfruten.

El Séptimo Sello:

Blow-Up:

24 de julio de 2007

Double Indemnity (1944) - Pacto de Sangre

"Era una tarde calurosa y aún recuerdo el olor a madreselva en toda la calle. ¿Cómo no supe que a veces el asesinato huele a madreselva?...".
Walter Neff


Director: Billy Wilder
Estudios: Paramount
Reparto: Fred MacMurray (Walter Neff), Barbara Stanwyck (Phyllis Dietrichson), Edward G. Robinson (Barton Keyes), Jean Heather (Lola Dietrichson).


La música de unos violentos violines nos hacen presentir una tragedia. Seguimos el trayecto de un auto que circula frenéticamente, hasta que estaciona de forma algo aparatosa en las puertas de un edificio. Del auto desciende un hombre que parece débil, pero que aún puede sostenerse sin dificultad. Toca la puerta, cogiendo el extremo izquierdo de su abrigo con la mano derecha. Le abre el portero que no se percata de nada extraño y lo llama Mr. Neff.

Ingresan al ascensor. El portero trata de mantener una conversación sin importancia, a la que Mr. Neff contesta secamente con monosílabos. "20!" dice el portero. Han llegado al piso. Neff atraviesa una puerta en la que leemos "Pacific All Risk Insurance Co". Notamos el sigilo con el que avanza por el pasillo al ver que hay personas trabajando en el piso bajo. Entra a una oficina, se sienta, coge un dictáfono, escuchamos que se dirige a Barton Keyes, diciendo:

"... Supongo que llamarás a esto una confesión cuando la oigas. A mí no me gusta la palabra confesión. Lo que voy a decirte es lo que no pudiste ver por tenerlo demasiado cerca. Te crees el mejor jefe de siniestros y un verdadero zorro para detectar declaraciones falsas. Puede que lo seas, pero vamos a hablar del asunto Dietrichson... Accidente y doble indemnización... Dijiste que no era un accidente, cierto. Dijiste que no era suicidio, cierto. Que era asesinato, cierto. Creíste que lo tenías todo. Todo muy preparado y resuelto... Perfecto. Pero no era así, ya que cometiste un error, un pequeño error. Cuando se trató de coger al asesino cogiste al que no era. Quieres saber quién mató a Dietrichson? Agárrate fuerte a tu cigarro barato... Yo maté a Dietrichson. Yo, Walter Neff, agente de seguros de 35 años de edad, soltero y sin señas personales...Hasta hace poco... Sí, yo lo maté. Lo maté por dinero y por una mujer. Y ni conseguí el dinero, ni la mujer. Estupendo, eh?...".

Así empieza "Double Indemnity" de Billy Wilder. Con un guión realizado en conjunto con Raymond Chandler, uno de los abanderados de las novelas hard-boiled, basado en la novela homónima de James M. Cain (autor también de "The postman always rings twice"), quien la escribió teniendo como referencia el crimen cometido en 1927 por Ruth Snyder y su amante Judd Gray, quienes asesinaron al marido de la mujer, luego que éste firmara una póliza con cláusula de doble indemnización.

El género noir o cine negro, bebe principalmente de esta vertiente narrativa: el hard-boiled. Novelas de detectives, de desentrañamiento de misterios y crímenes, cuyos protagonistas se dejan llevar por impulsos generalmente oscuros, con finalidades tan dispares como el amor, la ambición, la pasión o la mezcla de ellas.

Double Indemnity, no es una historia de detectives, mas sí de pasión, ambición y crimen. El protagonista Walter Neff (Fred MacMurray) es un hombre que desea dinero, pero sobretodo el amor de Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck), a quien no puede quitar de su mente desde que la vió por primera vez semidesnuda, sólo envuelta por una toalla en lo alto de una escalera. Este sentimiento lo llevará a planear "el crimen perfecto", ya que él conoce todas las posibles preguntas que se harían en la investigación de la muerte del marido de Phyllis.

Phyllis Dietrichson es la mujer fatal de este film noir. Es calculadora, ambiciosa, peligrosa y sobretodo segura de su gran arma: la sensualidad. Por eso sabe que Neff, quien primero se presenta como un hueso aparentemente duro de roer, finalmente accederá a colaborar con su propósito: acabar con su esposo para así cobrar el seguro de vida. Una de las femme fatale más célebres junto a Kathie Moffett (Jane Greer) de "The Out of the Past" de Jacques Tourneur.

Juntos Walter y Phyllis se aventuran en esta hazaña llamada "crimen perfecto". Y nosotros, los espectadores, asistimos a la planificación y ejecución magistrales del delito, detalle a detalle cuidadosamente pensados. Contenemos el aliento cuando sentimos la cercanía del descubrimiento. Nuestra respiración vuelve a su ritmo normal cuando se ha esfumado esa posibilidad. Pero, acaso existe "el crimen perfecto"? o es que está condenado a descubrirse tarde o temprano sea por algun error, por la culpa o la fatalidad?

Las emociones a las que nos somete el film, se acrecentan cuando somos testigos de la investigación de la muerte de Dietrichson, llevada a cabo por Barton Keyes (Edward G. Robinson), el encargado del área de reclamaciones de la compañía de seguros, quien además tiene muy clara la respuesta a la pregunta que nos hicimos, en una de las tantas conversaciones con Neff:

"...Un crimen nunca es perfecto. Se descubre tarde o temprano. Y cuando intervienen dos personas, más bien temprano... Y eso no es como subir juntos a un tranvía del que cada uno puede bajarse cuando quiera. Tienen que seguir juntos hasta el final. Y es un viaje de ida tan sólo, porque el final de la línea es el cementerio...".

Cuando Keyes emite su sentencia, al igual que a Walter se nos eriza la piel. Podemos sentir sus latidos acelerados y percibir su rostro levemente desencajado, que el astuto Keyes no logra detectar a pesar que cuenta con su "enanito", ese sexto sentido. No, no puede notarlo, quizás "por tenerlo demasiado cerca".

Así de identificados nos podemos sentir con nuestros criminales, tan carismáticos e inteligentes, pero también tan perdedores. Por eso, nos crea un conflicto. Hubo un crimen, si; pero Walter y Phyllis merecen el destino vaticinado por Keyes?. Más allá de los juicios morales, ese desafío al riesgo realizado con tanta precisión y maestría, no merece mejor suerte?.

Esa clase de sentimientos encontrados puede producir Double Indemnity, un film noir dirigido por el grande grande Billy Wilder, en lo que fue su primer gran éxito en Hollywood (hubo un tiempo en que lo comercial no excluia a la calidad). La película fue nominada a 07 Oscar de la Academia, incluyendo Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión y Mejor Actriz; pero evidentemente la sordidez de la cinta hizo que no alcanzara ninguno.

Mención aparte merecen la fotografía de John Seitz de estilo expresionista tan propia del género y la banda sonora de Miklos Rosza, que aportan e intensifican los elementos dramáticos y fatalistas del film. Y bueno, ni que decir de los diálogos construidos por Wilder y Chandler, tan chispeantes e ingeniosos, plagados de un doble sentido exquisito. En conclusión, una joya cinematográfica imprescindible.

Anécdotas:

* Billy Wilder recurrió a Raymond Chandler como co-guionista, luego que su colaborador habitual Charles Brackett, rechazara el encargo pues le pareció que la historia era muy sucia, ya que según él "todo ocurría por los más bajos motivos".

* La relación entre Chandler y Wilder fue bastante tensa. Para el escritor era su primera experiencia en el cine y odiaba que Wilder tuviera la última palabra respecto al guión. No obstante, el resultado en la película es magnífico.

* Wilder quería llamar al protagonista Walter Ness y no Walter Neff; sin embargo descubrió a un vecino de Beverly Hills, vendedor de seguros con ese nombre, por lo que ante el temor de una posible demanda decidió hacer el cambio.

*No fue nada fácil conseguir al actor para el rol protagónico, ya que muchos como Alan Ladd, Spencer Tracy y Gregory Peck se negaron a interpretar el papel de un hombre ambicioso y apasionado capaz de asesinar con frialdad.

*Alfred Hitchcock después de ver el film afirmó: "Desde Double Indemnity, las dos palabras más importantes en el mundo del cine son Billy Wilder".